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Posición teológica

Los sacerdotes católicos de la Congregación María Reina Inmaculada profesan y se adhieren a la fe católica tal como ha sido enseñada sistemáticamente Pope Pius XII desde Cristo. Con la muerte del papa Pío XII y la convocación del Concilio Vaticano II, le ha sobrevenido una situación inaudita a la Iglesia, que amenaza su culto y doctrinas mismos. A fin de preservar la fe católica, el santo sacrificio de la misa y los sacramentos, se redactó la siguiente declaración con el propósito de definir claramente la posición objetiva que han tomado estos sacerdotes.

I. EL CONCILIO VATICANO II. Convocado por Juan XXIII para actualizar la Iglesia, este concilio (celebrado de 1962-1965) decretó e implementó enseñanzas que habían sido anteriormente condenadas por el infalible magisterio de la Iglesia. Dichas enseñanzas heréticas trataban principalmente las áreas de la libertad religiosa y el falso ecumenismo, censuradas ya por los siguientes papas:

Por tanto, el Concilio Vaticano II ha de ser rechazado como conciliábulo, pues ha errado en su magisterio sobre la fe y la moral.

II. EL NOVUS ORDO MISSĆ. Después del Concilio Vaticano II, se establecieron varias comisiones para modernizar el sacrosanto sacrificio de la Misa y los tradicionales ritos sacramentales. La comisión encargada de modernizar la Misa incluyó teólogos protestantes reconocidos. En palabras del conocido cardenal Alfredo Ottaviani: “[El Novus Ordo Missæ] representa un alejamiento sorprendente de la teología católica de la Misa, tal como fue formulada en la sesión XXII del Concilio de Trento.” La consecuencia de esta actualización fue la redefinición de la Misa (que ahora se asemeja a la Última Cena de Lutero), la alteración de las oraciones del ofertorio — con lo cual se suprime el concepto de un sacrificio expiatorio — y la modificación sustancial de las palabras consagratorias (esto último sucede en las traducciones al vernáculo). Esta nueva misa, conocida con el nombre de Novus Ordo Missæ, contradice previas enseñanzas y decretos infalibles de la Iglesia católica:

Por tanto, cuando el Novus Ordo Missæ se ofrece con las palabras consagratorias alteradas, es una misa inválida; y en los demás casos, es de validez dudosa y siempre un claro peligro para la fe. Por todas estas razones, la participación activa en ella sería un pecado grave.

III. LOS NUEVOS RITOS SACRAMENTALES. De los nuevos ritos que el Vaticano II fabricó para los siete Sacramentos puede decirse lo mismo que del Novus Ordo Missæ: en la medida en que la materia, la forma y la intención de cada uno de ellos haya sido sustancialmente alterada, hasta ese grado debe cuestionarse su validez. La Iglesia católica siempre ha enseñado, sin duda, cuál es la materia, forma e intención apropiadas en la hechura de los Sacramentos.

Por tanto, donde se hayan empleado los nuevos ritos, los sacerdotes tradicionales deberán readministrar los sacramentos sub conditione, según lo requiera la situación.

IV. LA IGLESIA MODERNA DEL VATICANO II. Por sus cuatro marcas de unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad, la Iglesia católica se identifica con la verdadera Iglesia de Cristo. Mas como el Novus Ordo Missæ, los nuevos ritos sacramentales y las enseñanzas del Vaticano II constituyen un alejamiento manifiesto de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia católica, debe concluirse que esta iglesia moderna, católica de nombre únicamente, no posee las primeras dos marcas de ser la verdadera: la unidad y la santidad. Su obvia desviación en los últimos veinticinco años de lo que la Iglesia católica siempre ha sostenido lleva a una sola conclusión: se ha creado una nueva iglesia ecuménica que se encuentra en contradicción con la verdadera Iglesia católica.

V. LA JERARQUÍA MODERNA DEL VATICANO II. Considerando lo anterior, debe inferirse que la jerarquía moderna, habiendo aprobado e implementado los errores del Vaticano II, ya no representa a la Iglesia católica ni a su autoridad legal. Esto incluye a quienes han confirmado, aprobado, decretado e implementado las mencionadas enseñanzas heréticas, es decir, a Paulo VI (Montini) y Juan Pablo II (Wojtyla); este último, además, no sólo es sospechoso de herejía, sino que manifiesta pertinacia cuando convoca (y participa en) servicios religiosos ecuménicos con acatólicos y religiones no cristianas, cuando impone las herejías del Vaticano II y cuando promulga un nuevo Código de Derecho Canónico tan perjudicial a la fe y la moral.

Por tanto, si el Primer Concilio Vaticano decretó infaliblemente: “Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia,” estas palabras son ratificadas por sus efectos, porque en la Sede Apostólica la religión católica siempre se ha preservado sin mácula [...] la Sede de San Pedro permanece siempre intacta de cualquier error, según la promesa divina de Nuestro Señor;” y Juan Pablo II ha enseñado manifiesta herejía, promovido el ecumenismo y fomentado el culto entre las diferentes fes; claramente no puede ser reconocido como sucesor de san Pedro en el primado.

VI. EL NUEVO CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO. Y para implementar las enseñanzas del Vaticano II, fue necesario que los modernistas cambiaran el Código de Derecho canónico de 1917, pues contradecía sus designios al reflejar la mente de la Iglesia en sus doctrinas y disciplinas pasadas. El nuevo código contiene un tópico muy perturbante para el católico informado: según la nueva ley de la iglesia moderna, los acatólicos pueden, en ciertas circunstancias, pedir los “sacramentos” a un sacerdote católico (sin tener que abjurar de sus creencias heréticas), y éstos pueden administrárselos. El Concilio de Florencia, así como el Código de Derecho canónico de 1917 (canon 731), estrictamente prohiben esto.

Por tanto, como las leyes universales de la Iglesia están protegidas por su infalibilidad, y no pueden imponer obligaciones opuestas a la fe y la moral, el Nuevo Código debe ser considerado como carente de toda fuerza legal; añádase que ha sido promulgado por los que ya no representan a la autoridad católica.

VII. EL CAMINO A SEGUIR DE LOS SACERDOTES CATÓLICOS. Debido a la situación inusual de la Iglesia católica y a la responsabilidad moral que tienen los fieles de recibir los sacramentos válidos, los sacerdotes tradicionales sin duda pueden y deben continuar su misión, santificando a los fieles a través del ofrecimiento del santo sacrificio de la Misa, la administración de los Sacramentos, y otras obras pastorales; pues la voluntad de la Iglesia es que la salvación de las almas sea la máxima ley. Asimismo, seguirán teniendo como guía al Código de Derecho canónico de 1917.

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Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI
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