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Sobre el Aniversario de la Muerte del Papa Pío XII

Por el Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI

Fiesta de San Miguel Arcángel
Septiembre 29, 1998

Amados en Cristo,

La llegada próxima del 40mo. aniversario de la muerte del Papa Pío XII (octubre 9 de 1958), nos recuerda de la terrible devastación que sobrevino a la Iglesia Católica durante la época post-Vaticano II. Con la introdución de la Nueva Misa (el Novus Ordo Missae), en 1969, la gran mayoría de los fieles no sólo han perdido el concepto de la Misa como sacrificio propiciatorio (para expiación del pecado), sino también el de la Presencia Real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía. Con la promulgación de los decretos del Vaticano II (especialmente Dignitatis Humanae, Nostra Aetate, Unitatis Redintegratio), se han sembrado entre el rebaño de Cristo los perniciosos errores del falso ecumenismo y de la libertad religiosa, tanto que el indiferentismo religioso (la creencia de que una religión es tan buena como otra) ha reemplazado la doctrina católica de que no hay sino una sola y verdadera religión revelada por Dios — la Fe católica. Durante los últimos 40 años hemos sido testigos de nada menos que la Gran Apostasía de la Iglesia Católica, la cual predijo San Pablo en su segunda epístola a los Tesalonicenses:

“No os dejéis seducir de nadie en ninguna manera: porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía casi general de los fieles, y aparecido el hombre del pecado, el hijo de la perdición, el cual se opondrá a Dios, y se alzará contra todo lo que se dice Dios, o se adora, hasta llegar a poner su asiento en el templo de Dios, dando a entender que es Dios” (2 Tes. 2:3-4).

Más adelante, en esta misma epístola, encontramos un aspecto muy importante en lo concerniente a la Apostasía. San Pablo alude al misterio de iniquidad ya en obra en su tiempo y a quien lo detiene:

“El hecho es que ya va obrando el misterio de iniquidad: entretanto el que está firme ahora, se mantenga, hasta que sea quitado de en medio. Y entonces se dejará ver aquel perverso” (2 Tes. 2:7-8).

¿Quién es éste que, en tiempos de San Pablo, detiene el misterio de iniquidad? ¿Quién es éste que continúa deteniéndolo hasta que sea quitado? Encontramos la respuesta en la oración del Papa León XIII a San Miguel Arcángel (Motu Proprio, septiembre 25, 1888), en la cual advirtió proféticamente del máximo objetivo del diablo:

“Estos enemigos tan mañosos han llenado y embriagado con hiel y amargura a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y han colocado manos impías en sus posesiones más sagradas. En el mismo lugar santo, donde se alza la Sede del más santo Pedro y la Silla de la Verdad para luz del mundo, han levantado el trono de su más abominable impiedad con el inicuo concepto de que cuando al Pastor se le derribe, las ovejas podrán dispersarse.”

Por siglos, el Papado, la roca sobre la cual fundó Cristo su Iglesia, ha detenido el “misterio de iniquidad.” El Papa, vicario de Jesucristo, posee la autoridad suprema para enseñar, gobernar y santificar. ¿Qué otro plan más efectivo podía haber concebido Satanás para destruir la Iglesia Católica que hacer que sus cómplices humanos se infiltraran en las posiciones más altas de la Iglesia?

Para mayor confirmación, únicamente necesitamos leer “Las Instrucciones Permanentes de la Alta Venta” en la que los francmasones italianos esbozan su búsqueda de destruir la Iglesia Católica por medio de la infiltración en el oficio del papado. Los siguientes extractos son del libro, La Francmasonería del Gran Oriente Desenmascarada, por Mons. George F. Dillon, D.D. (octubre 1884), el cual, en su versión italiana, se imprimió con la aprobación y a costa del Papa León XIII:

“El Papado ha, en todos los tiempos, ejercido una acción decisiva en los asuntos de Italia. Por las manos, las voces, las plumas, los corazones de sus innumerables obispos, sacerdotes, monjes, monjas y gente de todas latitudes, el Papado encuentra devoción sin fin, lista para el martirio, y eso al entusiasmo. Esto es una influencia inmensa que sólo los Papas han sido capaces de apreciar al máximo, y de momento sólo la han usado hasta cierto punto. Hoy no hay duda de reconstituir para nosotros ese poder, cuyo prestigio se ha debilitado por el momento. Nuestra meta final es aquella de Voltaire y de la Revolución Francesa: la destrucción permanente del Catolicismo y hasta de la idea Cristiana, la cual, si se le deja permanecer sobre las ruinas de Roma, será después la resurrección del cristianismo.

“Ahora, entonces, a fin de asegurarnos un Papa en la manera requerida, es necesario modelar para ese Papa una generación merecedora del reino que nosotros soñamos. Dejar por un lado a la vejez y la madurez, e ir por la juventud, y, si fuere posible, hasta por la infancia.

“En unos años el jóven clero habrá, por la fuerza de los eventos, invadido todas las funciones. Ellos gobernarán, administrarán y juzgarán. Ellos formarán el concilio del Soberano. Ellos serán llamados para escoger al Pontífice, y éste, como la gran parte de sus contemporáneos, necesariamente estará imbuido con los principios italianos y humanitarios que estamos por poner en circulación.

“Buscad al Papa que nosotros retratamos. ¿Queréis establecer el reino de los escogidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia? Dejad que el clero marche bajo vuestra bandera, siempre en la creencia de que marchan bajo la bandera de las Llaves Apostólicas. ¿Deseáis causar la desaparición del último vestigio de la tiranía y la opresión? Arrojad las redes como Simón hijo de Jonás. Pero no hacia las profundidades del mar, sino arrojadlas a las profundidades de las sacristías, los seminarios, y los conventos, y, si no os precipitáis en nada, ganaréis una carga de pescados más milagrosa que la de él. Habréis pescado una Revolución con Tiara y Capa pluvial, marchando con Cruz y estandarte — una Revolución que sólo necesita un pequeño piquete para incendiar las cuatro esquinas del mundo.”

¿Es acaso de extrañarse que los principios francmasónicos de libertad religiosa e indiferentismo religioso se hayan convertido en los principios de la iglesia conciliar del Vaticano II? ¡¿Deberíamos acaso admirarnos porque Juan Pablo II haya llamado a todas las religiones para reunirse en Asís, Italia, y orar a sus falsos dioses por la paz mundial?! ¿Cuántos actos más de ecumenismo tienen que ocurrir para que los ojos de la gran mayoría de los que se llaman católicos se abran?

Esta terrible realidad que ha sobrevenido a la Iglesia Católica, y que ha ocasionado la Gran Apostasía, parece ser parte del Secreto dado por la Bienaventurada Virgen María a Melania y Maximiano, en La Salette, Francia. En el libro, Luz en la Montaña, sobre la aparición de nuestra Señora de La Salette, el autor John S. Kennedy, hace referencia a la vidente, Melania, en el momento en que escribía el secreto que la Virgen le había dado para lectura del Papa Pío IX:

“Cuando llegó a escribir el secreto en sí, Melania, temporizada, rompió en llanto... Se sentó, tomó una pluma y comenzó a escribir. Una vez miró hacia arriba para preguntar el significado de la palabra infaliblemente... Poco después preguntó la deletración y el significado de Anticristo” (pág. 131).

Esta terrible realidad también parece formar parte de los contenidos del Tercer Secreto de nuestra Señora de Fátima, el cual debió haber sido revelado en el año de 1960, pero fue convenientemente suprimido por Juan XXIII, y quien también convocó el Segundo Concilio Vaticano, iniciando las primeras alteraciones en el Santo Sacrificio de la Misa.
Cuando consideramos las desastrozas consecuencias que han afligido a la Iglesia Católica durante los último 40 años desde la muerte del Papa Pío XII, no hay mejores palabras para describir esta farsa que las de ingenuidad diabólica.

¿Quién más que Satanás pudo haber tramado y organizado tan astutamente el plan maestro de devastar la Iglesia de Cristo?

¿Quién más que Satanás pudo haber reemplazado tan engañosamente el Santo Sacrificio de la Misa con un contemporáneo memorial luterano de la última Cena? Comentando sobre la Nueva Misa, el Novus Ordo Missae, el Cardenal Ottaviani y el Cardenal Bacci escribieron el 25 de septiembre, 1969:

“A pesar de su brevedad, el estudio muestra muy claramente que el Novus Ordo Missae — considerando los nuevos elementos susceptibles a muy variadas interpretaciones insinuadas o dadas por sentado — representa, en sus detalles y como un todo, un alejamiento sorprendente de la teología católica de la Misa, tal como fue formulada en la sesión 22 del Concilio de Trento.”

¿Quién más que Satanás pudo haber conocido tan bien la naturaleza humana como para llevar a la gran mayoría de los católicos a una falsa y ecuménica iglesia que tiene relaciones ilícitas con todas las demás religiones falsas del mundo? ¿Quién más que Satanás, bajo la guisa de caridad, pudo haber infectado al rebaño de Cristo con las perniciosas doctrinas de la libertad religiosa, el falso ecumenismo, y el indiferentismo religioso?

Estas falsas enseñanzas han sido especialmente condenadas por el Papa Pío IX en Quanta Cura el 8 de diciembre, 1864:

“Y con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor de reciente memoria, locura; esto es, que la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio de cada hombre, que todo Estado bien constituído debe proclamar y garantizar como ley.”

“15. Cada quién es libre de seguir y profesar la religión que la luz de la razón lo lleve a juzgar como la religión verdadera.

“16. Pueden los hombres encontrar el camino de la salvación eterna, y pueden alcanzar la salvación en la práctica de cualquier religión...”

“77. En esta época nuestra ya no es conveniente que la religión católica sea la única religión del estado, a exclusión de todos los demás cultos.

“78. Por tanto, en ciertas regiones de nombre católico, se ha sancionado laudablemente por ley que a los hombre que a ese lugar emigran se les permita tener ceremonias públicas de cualquier forma de culto propio.

“79. Puesto que es falso que la libertad civil de todo culto, y asimismo, la plena potestad concedida a todos de manifestar abiertamente y públicamente cualesquier tipo de opiniones e ideas, lleve más fácilmente a la corrupción de las morales y las mentes de las personas, y a esparcir el mal del indiferentismo.”

El falso ecumenismo fue condenado explícitamente por el Papa Pío XI en Mortalium Animos el 6 de enero, de 1928:

“...pues favorecer esta opinión [el ecumenismo y las relaciones de credo] y animar tales empresas equivale a abandonar la religión revelada por Dios.

“Siendo así, es claro que la Sede Apostólica no puede, por ningún motivo, tomar parte en estas asambleas, ni es de manera alguna lícito que los católicos den su aprobación o apoyo a tales empresas.

“Por ello, Venerables Hermanos, está claro por qué esta Sede Apostólica nunca ha permitido a sus sujetos tomar parte en las asambleas de los no-católicos.”

De todo lo que hemos considerado, debería estar bien claro que “el Pastor ha sido derribado y las ovejas se han esparcido,” y que la Iglesia Católica —el Cuerpo Místico de Cristo — está pasando su propia crucifixión como su Divino Esposo, Jesucristo. Si perseveramos en estos tiempos difíciles, debemos, con San Juan evangelista, permanecer cerca de la Sma. Virgen María al pie de la Cruz, y debemos recordar que después de la Crucifixión sigue la Resurrección.

In Christo Jesu et Maria Immaculata,
Most Rev. Mark A. Pivarunas, CMRI

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