El Santo SacerdocioPor el Obispo Mark A. Pivarunas, CMRIFiesta del Sagrado Corazón de Jesús Amados en Cristo, En el Evangelio de San Mateo, leemos del llamado de los dos primeros apóstoles, San Pedro y su hermano San Andrés, por nuestro Divino Señor Jesucristo:
Lo que Cristo hizo hace 1900 años, continuó haciéndolo en cada época, es decir, llamó a los hombres a dejar todas las cosas y seguirle para convertirse en “pescadores de hombres”. En esta carta pastoral, admiremos la bondad y misericordia de Dios en la institución del Sacramento de las Sagradas órdenes, mediante el cual se ordenan a los hombres para continuar la misión comenzada por Cristo aquí en la tierra — glorificar al Padre (renovando el Sacrifico del Calvario en la Santa Misa) y trabajar por la salvación de las almas (administrando los Sacramentos y predicando del Evangelio). Cuando consideramos el Sacramento de las órdenes, la primer pregunta que viene a nuestras mentes es, ¿qué es un sacerdote? Un sacerdote se define propiamente como un alter Christus — otro Cristo. éste continúa la vida de Cristo aquí en la tierra por su ministerio terrenal; por su ordenación sacerdotal actúa in persona Christi (en la persona de Cristo). San Pablo nos dice en su epístola a los Hebreos:
Y, ¿qué es “lo que a Dios se refiere”? En primer lugar, el sacerdote ofrece el Santo Sacrificio de la Misa — la renovación incruenta del Calvario. El sacrificio es algo sinónimo con la religión; pues sin sacrificio, no hay religión. En el Antiguo Testamento, frecuentemente encontramos referencias al ofrecimiento de sacrificios a Dios en expiación del pecado. En el libro de éxodo, leemos de Moisés:
Qué similar son estas palabras de Moisés, “Esta es la sangre del pacto”, con las palabras de Cristo en la Última Cena, “Este es el Cáliz de Mis Sangre”. Aún así, estos sacrificios del Antiguo Testamento no fueron más que un prefiguramiento de aquél único sacrificio aceptable de Cristo sobre la Cruz y de la renovación incruenta del mismo sacrificio en la Santa Misa. En la Última Cena, nuestro Divino Señor tomó el pan y el vino y por su infinito poder los cambió en su Cuerpo y Sangre, cuando dijo:
E inmediatamente después de la transubstanciación del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, nuestro Señor ordenó a sus discípulos,
Con estas palabras, Cristo mandó a sus apóstoles, sus primeros sacerdotes, a hacer exactamente lo que él hizo — cambiar el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre. Y sabemos que los apóstoles cumplieron este mandamiento, pues San Pablo en su primera epístola a los Corintios les recuerda que,
Y que,
¡Qué maravillosa condescendencia! Nuestro Señor dio a sus apóstoles, y a través de ellos, por el Sacramento de las órdenes, a aquellos ordenados al sacerdocio en el futuro, la potestad para ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa y para consagrar el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre. En esta materia el Concilio de Trento fue muy claro:
Y más adelante el Concilio declara que nuestro Señor, apaciguado por la oblación del Sacrificio de la Misa, nos concede sus gracias y la remisión del pecado. Dice:
La naturaleza sacrificatoria del sacerdocio y la doctrina de que el sacerdote actúa en la Persona de Cristo son aspectos muy importantes que debemos recordar, especialmente en nuestros tiempos, cuando la iglesia moderna ha mutilado la Misa y la ha reemplazado con el Novus Ordo (la nueva y moderna misa). En la verdadera Misa, el sacerdote consagra las Sagradas Especies por el poder que tiene de su sagrada ordenación, mediante el cual actúa en la Persona de Cristo. Así el sacerdote dice en la Consagración en la Misa, “Este es Mi Cuerpo”, “Este es el Cáliz de Mi Sangre”, y no “Este es el Cuerpo de Cristo”, ni “Este es el Cáliz de su Sangre”. En la misa del Novus Ordo, encontramos una nueva definición de la Misa en el Prefacio General, que lee:
Noten la terminología ”sacerdote que preside” y la referencia bíblica, “donde dos o tres se reúnan en mi nombre”. En el Novus Ordo, el sacerdote ya no más ofrece el Santo Sacrificio in persona Christi (en la persona de Cristo); ahora solamente preside sobre la asamblea, y la asamblea, la gente reunida, ocasionan una presencia espiritual de Cristo. ¡Esta nueva definición de la Misa es una definición luterana! Cuando leemos en la historia eclesiástica de la destrucción del Santo Sacrificio de la Misa en Alemania por Martín Lutero, y en Inglaterra por el Arzobispo Cranmer, vemos que la historia se ha repetido a finales de la década 1960, con la introducción del Novus Ordo Missae, sólo que a una escala muy superior. Con esta nueva definición luterana de la Misa, el aspecto mismo del sacerdocio se ha cambiado. Esta fue una de las razones que llevaron a León XIII a declarar en su Constitución Apostólica, Apostolicae Curae, que las órdenes anglicanas eran inválidas — la falta de intención de ordenar sacerdotes para ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa. Una vez más, apreciemos el don inestimable del santo sacerdocio, por el cual tenemos el Santo Sacrificio de la Misa. El segundo rol del sacerdote es la salvación de las almas, especialmente por la administración de los sacramentos. En el Evangleio de San Juan, leemos cómo nuestro Divino Señor, después de su resurrección, se apareció a sus apóstoles:
Aquí debemos reiterar que el sacerdote, actuando en la Persona de Cristo, dice, Ego te absolvo a peccatis tuis, — Yo te absuelvo de tus pecados, y no, Cristo te absuelve de tus pecados. Por su ordenación, el sacerdotes se identifica con Cristo. ¿Dónde estaríamos espiritualmente sin el Sacramento de la Penitencia? Qué agobiadas estarían nuestras almas sin la aseguranza y certeza que nos es ofrecida por las palabras del sacerdote:
Al comienzo de nuestra vida espiritual, fue el sacerdote quien nos limpió y nos dio la vida de Dios — la gracia santificante — a través del sacramento del Bautismo. Por este sacramento muy necesario, nos hacemos hijos de Dios y herederos al cielo, como dijo Nuestro Señor:
Y cuando nuestras vidas lleguen a su fin, una vez más, el sacerdote está ahí para asistirnos y apoyarnos por medio del sacramento de la Extremaunción. En la epístola de Santiago, encontramos referencia bíblica para este sacramento:
Habiendo brevemente considerado el rol necesario del sacerdocio en la Iglesia, ¿es de sorprenderse, entonces, por qué el diablo odia los sacerdotes, por qué desea él su caída, por qué hace lo posible por desviar a los jóvenes de seguir su vocación al sacerdocio? ¡Oremos por los sacerdotes, y también oremos para que Dios envíe más obreros a su cosecha! Este mes de junio marca el 10mo aniversario de mi ordenación sacerdotal. Recuérdenme por favor en sus oraciones el 27 de junio, la fiesta de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro. In Christo Jesu et Maria Immaculata, Regresar al inicio. Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI
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