La deserción de Campos y la posición ilógica de la Sociedad de San Pío XObispo Mark A. PivarunasFiesta de san José Amados en Cristo: La escandalosa noticia de la reciente reconciliación entre la Sociedad San Juan Vianney (fundada por el fallecido obispo Antonio de Castro Mayer, en Campos [Brazil]) y la iglesia conciliar no debió ser sorpresa para nadie. Por muchos años, el obispo y los sacerdotes de esta sociedad, al igual que sus antiguos asociados, la Sociedad de San Pío X, han mantenido una posición teológica inconsecuente; de tal manera que su presente decisión de regresar a la iglesia modernista fue, básicamente, la consecuencia lógica de su posición ilógica. El 18 de enero del 2002, el obispo Licinio Rangel, de la Sociedad San Juan Vianney, tras defender por muchos años la tradicional Misa latina, llegó a un compromiso con la jerarquía modernista y publicó la siguiente declaración:
Hecha tal declaración pública, el obispo Rangel y los sacerdotes de la Sociedad de San Juan Vianney deberían preguntarse qué tan diferente es hoy la situación en la iglesia conciliar a cuando su fundador, el fallecido obispo Castro Mayer, se pronunció en un principio a favor de la verdadera Misa y la verdadera fe, y en oposición al Novus Ordo Missæ, al ecumenismo y a la libertad religiosa del Vaticano II: porque ahora es mucho peor. Si el Novus Ordo Missæ es una misa válida, y si el Concilio Vaticano II fue un concilio legítimo, entonces su apoyo a la tradición fue en vano todos estos años. Bien pudieron, desde un principio, haber formado parte de la nueva iglesia ecuménica del Vaticano II. No menos preocupante y sorprendente es el hecho de que el obispo Bernard Fellay, el superior de la Sociedad de San Pío X, estuvo en comunicación con la iglesia conciliar hace un año; aunque ya cortó el diálogo. Así, tampoco será sorpresa cuando la Sociedad de San Pío X siga a la Sociedad de San Juan Vianney y se reoncilie (en realidad, ceda es la palabra más adecuada) con la iglesia conciliar, y juntas sean como dos gotas de agua. ¿Y cómo no va a ser así? Al mismo tiempo que la Sociedad de San Pío X — en sus intentos por mantener la verdadera Misa y la tradicional fe católica — se opone al Novus Ordo Missæ, al falso ecumenismo y a la falsa libertad religiosa del Vaticano II, sostiene erróneamente que Juan Pablo II es papa, aun cuando él no les ha dado aprobación canónica ni de jurisdicción. Protestan reconocer a Juan Pablo II como papa verdadero, mas, en realidad, lo desprecian con su desobediencia pública, dado que administran los sacramentos sin misión canónica y sin jurisdicción. No tienen autoridad ni aprobación por parte de Juan Pablo II para establecer iglesias y capillas alrededor del mundo, ni para dispensar los sacramentos. Si la iglesia conciliar del Vaticano II es la Iglesia católica (como ellos creen), ¿cómo no considerarse cismáticos? Ésta es la máxima contradicción, pues al mismo tiempo que sostienen un reconocimiento nominal de Juan Pablo II como papa, lo ignoran al actuar sin jurisdicción, cosa que necesitarían recibir de él para funcionar como obispos y sacerdotes. ¿Cuál es la fuente de esta posición teológicamente confusa? Reconocen a Juan Pablo II como papa y aún así no tienen conexión canónica o de jurisdicción con él. ¿Por qué está la Sociedad de San Pío X atrapada en este dilema? La respuesta ha de encontrarse en la vacilante posición de su fundador, el fallecido arzobispo Marcel Lefebvre. Si se examinan algunas declaraciones públicas que hizo a través de los años, rápidamente se vislumbra la ausencia de una posición teológica clara y consecuente; y como la Sociedad de San Pío X ha heredado esta contradicción, al final llegarán a un compromiso con la iglesia conciliar. El 29 de junio de 1976, el fallecido arzobispo Lefebvre declaró lo siguiente con ocasión de que Paulo VI lo suspendiera de la administración de los sacramentos:
Años más tarde, el 8 de marzo de 1980, el arzobispo se retractó en una escrito a Juan Pablo II, en el cual contradijo su previa posición, y afirmó:
Poco después de esta declaración, el arzobispo Lefebvre, en una carta a sus amigos y benefactores norteamericanos, con fecha de 28 de abril de 1983, tomó una posición teológica intermedia, en la cual dijo:
Pero sólo es cuestión de esperar, y una vez más vemos que el arzobispo Lefebvre, apenas un año antes de que consagrara cuatro obispos para la Sociedad de San Pío X, en la Carta a los futuros obispos del 29 de agosto de 1987, trató lo siguiente:
Con todo, no duró mucho la alusión del arzobispo de que «la Sede de Pedro y los puestos de autoridad en Roma (están) ocupados por anticristos”, pues en su carta a Juan Pablo II el 2 de junio de 1988, concluye:
¡Qué evidente fue la vacilación del arzobispo Lefebvre! Un año decía que la iglesia conciliar era «cismática y herética”, y luego unos años después decía que era la Iglesia católica; un año se refería a «la Sede de Pedro y a los puestos de autoridad en Roma” como ocupada por anticristos, y el próximo se dirige al ocupante de la Sede de Pedro como «Santísimo Padre”. Y la confusión continuó. Después de la consagración de cuatro obispos para la Sociedad de San Pío X en junio de 1988, Stefano Paci, un reportero para 30 Days (una revista internacional), sostuvo una entrevista con el arzobispo Lefebvre, y el siguiente extracto se encontraba en su edición de julio/agosto:
¡Qué posición tan interesante! Él afirma que Juan Pablo II «no es un hereje, pero sus ideas sí son heréticas, y conducen a la herejía”. Cuando el tal papa invitó a Asís a los líderes de varias religiones mundanas para que invocaran a sus falsos dioses por la paz mundial; o cuando promulgó el nuevo Código de Derecho canónico (1983) en el cual se permiten a los herejes y cismáticos recibir la Sagrada Eucaristía (bajo ciertas circunstancias, sin reconciliación con la Iglesia); o cuando continúa reforzando el Novus Ordo Missæ y las falsas enseñanzas del ecumenismo y la libertad religiosa, ¡¿«sus ideas son heréticas», pero «él no es un hereje»?! Durante las últimas elecciones presidenciales, se usó la frase matemáticas confusas para describir los cálculos económicos erróneos de un candidato. Igualmente, puede decirse que la Sociedad de San Pío X tiene una teología confusa cuando se trata de la situación en la Iglesia, y, desafortunadamente, esto es justo lo que los llevará al final de cuentas a una reconciliación con la iglesia conciliar. Entre los motivos teológicos presentados por la Sociedad de San Pío X para mantener su reconocimiento nominal de Juan Pablo II y negar la posición sedevacantista, se encuentra una cita del P. Peter Scott:
La respuesta a su primera dificultad en cuanto a un largo interregno (vacancia en el cargo de papa), se haya en la historia de la Iglesia durante el Gran Cisma Occidental, que ocurrió entre los años 1378 y 1417. De 1378 a 1409 hubo dos demandantes (uno en Roma y el otro en Avignon) al cargo papal; luego en 1409 salió al escenario un tercer demandante (el de Pisa). En lo referente a estas confusas circunstancias en la Iglesia durante el Gran Cisma Occidental, se encuentra un interesantísimo detalle teológico en las enseñanzas del P. Edmund James O’Reilly, S.J. Él fue uno de los teólogos líderes de su tiempo y trabajó para el cardenal Cullen de Armagh, en el Sínodo de Thurles; también trabajó para el obispo Brown en el sínodo de Shrewsbury; y para el obispo Furlong en el sínodo de Maynooth; y fue nombrado profesor de la Universidad Católica en Dublin. En 1882, el P. O’Reilly publicó un libro titulado Las relaciones de la Iglesia con la sociedad (Relations of the Church to Society), en el que afirmó que una vacancia de la Santa Sede de larga duración no puede ser considerada como incompatible con las promesas de Cristo y la doctrina de la indefectibilidad de la Iglesia:
Durante estos tiempos difíciles en que el Novus Ordo ha reemplazado el santo sacrificio de la Misa, y en el que la iglesia conciliar invita a falsas religiones para rendir culto falso a sus dioses en las iglesias de Asís, ¿no estamos presenciado nada menos que la Gran Apostasía predicha por san Pablo en su Segunda Epístola a los Tesalonicenses (II Tessalonicenses 2:3-8)? En cuanto a la segunda dificultad presentada por la Sociedad de San Pío X en contra de la posición sedevacantista, de que sería imposible una futura elección papal si la Sede de Pedro estuviera vacante desde el Vaticano II, leemos en La Iglesia del Verbo Encarnado (The Church of the Incarnate Word) de Monseñor Charles Journet:
En meses recientes, la Sociedad de San Pío X ha sido muy inflexible en sus publicaciones contra de los sedevacantistas; sin embargo, el fallecido arzobispo Lefebvre, su fundador y líder espiritual, en cierta época sostuvo la misma posición que los sedevacantistas: «Esta iglesia conciliar no es, por tanto, católica. En la medida en que el papa, los obispos, los sacerdotes o los fieles se adhieran a esta nueva iglesia, así se separan de la Iglesia católica.” Y además del arzobispo Lefebvre, el obispo Castro Mayer dijo en una entrevista concedida al Jornal da Tarde:
¿Cómo puede la Sociedad de San Pío X rehusar someterse a la autoridad de Juan Pablo II, a quien reconoce como papa? El Código de Derecho canónico tradicional (canon 1325) define al cismático como uno que rehusa someterse a la autoridad del soberano pontífice. Ya que de él no tienen jurisdicción ni misión canónica, y, de hecho, sus obispos han sido excomulgado por él, ¿cómo no pueden honestamente reconocer la realidad de su postura? Si Juan Pablo II es Papa, como la Sociedad de San Pío X profesa abiertamente, entonces, ¿cómo no considerarse otra cosa más que cismáticos? En cuanto al futuro de la Iglesia católica, eso está enteramente en las manos de Dios; sin embargo, es una negación implícita de la infalibilidad de la Iglesia decir que la iglesia conciliar es de alguna manera la Iglesia católica. El fallecido arzobispo Lefebvre erró en su entrevista con 30 Days (1988) cuando contestó: «Viendo cómo las autoridades de la Iglesia han actuado desde el Concilio, pareciera que el Espíritu Santo se ha tomado unas vacaciones.” No, el Espíritu Santo morará siempre dentro de la Iglesia y nunca le fallará. Por esta razón la Iglesia católica ha enseñado infaliblemente en el Primer Concilio Vaticano (1870):
¡Pueda san José, patrono de la Iglesia Universal, padre adoptivo del Hijo de Dios y casto guardián de la Bienaventurada Virgen, interceder por nuestra Santa Madre la Iglesia católica! In Christo Jesu et Maria Immaculata, Regresar al inicio Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI
|
|||
|
Regresar al inicio Regresar al inicio Regresar al inicio Regresar al inicio Regresar al inicio Regresar al inicio Regresar al inicio Regresar al inicio |
|||