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Enseñando a los niños a rezar en sus años formativos

Tomado de Religious Instruction and Education*

Este es un excelente recurso no sólo para maestros, sino para padres también en lo concerniente a la vida de oración de sus hijos. El énfasis es de CMRI.


La oración es la elevación del corazón y la mente hacia Dios. Con este pensamiento claramente ante sí, el profesor de religión tomará conciencia de que existe una gran diferencia entre enseñarle a un niño a orar y enseñarle sus oraciones. En el primer caso, llevamos al niño a alzar su mente y corazón hacia Dios y ha hablarle de manera íntima, amorosa y confiada, como lo haría con su propio padre. En el segundo caso, colocamos ante el niño fórmulas definidas que la Iglesia ha aprobado y la gente ha usado a través de las edades para dirigirse a Dios de manera más formal.

En términos generales, a todos los católicos se les ha enseñado rezos formales: el Padrenuestro, el Avemaría, el Credo, etc. ¿Cuántos han formado el hábito de hablarle a Dios desde el corazón con un lenguaje propio, expresando en sus propias palabras sus necesidades y deseos personales? ¿No es extraño que sepamos muy bien qué decir a nuestros amados en esta tierra, pero luego tengamos que recurrir muchas veces a la palabra impresa cuando deseamos hablar con Dios? Cierto, Cristo mismo nos ha dado la oracón más perfecta en el Padrenuestro; pero también era frecuente que de las profundidades mismas de su Sagrado Corazón brotara una gran súplica para las necesidades del momento: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Mucho antes de que puedan pronunciar las palabras más difíciles de las oraciones ordinarias, a los niños se les debería enseñar a hablar con Dios, con su Santa Madre, con el ángel guardián, con San José y, quizá, con uno o dos santos en sus propias palabras; y esta práctica de la plegaria espontánea debe mantenerse el resto de la vida.

Consideremos en detalle algunas proposiciones prácticas para la enseñanza de la oración en los varios grados escolares.

I. Oraciones para el niño preescolar

Cuando sea y donde sea posible, a los padres se les debe recordar que nunca es demasiado temprano para enseñarle a su hijo acerca de Dios. Naturalmente, este conocimiento ha de basarse en las propias experiencias del niño. Dios nos ama como nos ama papá y mamá; Él cuida de nosotros y nos da todo lo que tenemos, y le podemos hablar como le hablamos a los demás. Los padres instruyen más a sus pequeños mediante sus propias actitudes hacia Dios y las cosas sagradas que por sus palabras. De hecho, sus actitudes de reverencia, amor y humildad se imprimen sobre la mente del niño mucho antes de que las palabras adquieran significado para él. El buen amor de una madre por su Dios y Nuestra Señora se manifestará en sus ojos mientras contempla un crucifijo o alguna imagen sagrada, y mientras sus labios se mueven en oración. O como alguien lo expresó: «Yo he apreciado la Misa desde que tengo memoria. Mi madre siempre me llevó a Misa, y yo quería amar todo lo que ella amaba».

Tan pronto como los labios del bebé aprenden a decir los nombres de papá y mamá, también pueden aprender a decir los Sagrados Nombres y a asociarlos con todo lo que es bueno y hermoso. Las pequeñas manos pueden plegarse en oración por unos momentos; y tal vez haya un beso de buena noche para Jesús y su Santa Madre a la hora de dormir.

El siguiente paso es la plegaria corta e informal que el niño pueda fácilmente entender, como por ejemplo: «Dios bendiga a papá y a mamá. Dios bendiga a mi hermanito. Dios me bendiga y me haga un buen niño». O tal vez: «Diosito, he sido un niño desobediente hoy. Perdóname, ya no seré así otra vez».

La señal de la cruz puede hacerse con la ayuda de los padres a una edad muy temprana, como parte de las oraciones habituales. Poco después, pueden añadirse simples oraciones rimadas como «Angelito de la guarda, que estás siempre a mi lado».

Buenas imágenes — preferiblemente las que enseñen una historia, como el «Cristo bendiciendo a los niños» de Plockhorst — son de gran ayuda en la enseñanza de los pequeños acerca de Dios y de su gran amor por la humanidad. ¿Estaban los niños en esa pintura hablando con Cristo? ¿Qué le decían?

Si los niños aprenden rápidamente, puede enseñárseles el Padrenuestro y el Avemaría antes de que alcanzar la edad escolar. Estas oraciones, sin embargo, deben enseñarse frase por frase, poco a poquito. Es fácil obtener imágenes, historias y rimas que ilustren y expliquen estas oraciones, y son ayudas espléndidas para hacer la oración más inteligible al niño.

II. Grados primarios

Cuando entran por primera vez a la escuela o a las clases de instrucción, muchos niños no sólo no pueden hacer la señal de la cruz o decir la oración más sencilla, sino que muchas veces ni siquiera saben acerca de Dios. En tales casos — y no son tan raros, como suponemos de ordinario — será necesario comenzar por enseñarles acerca de Dios y de su amor por nosotros, de su grandeza, bondad y majestad. Una vez establecida la idea, se ha de introducir la oración informal junto con las verdades doctrinales. Por ejemplo, nosotros enseñamos que Dios puede hacer todas las cosas. Hablamos de las cosas maravillosas que ha hecho. Buscamos a nuestro alrededor algunas de las manifestaciones más sorprendentes del amor divino: una flor, un pajarito hermoso, un glorioso arcoiris; y en el momento nos detenemos para alabar y dar gracias a Dios por su bondad y amor. Al principio, el profesor mismo puede hacer la oración con todo su corazón, mientras los niños van «pensando»: «Diosito, qué bueno eres para darnos estas hermosas flores. Te doy las gracias, Señor». Gradualmente se les ha de animar a los niños para que digan tales oraciones pequeñas en voz alta.

Especialmente en momentos oportunos, a los niños se les debe enseñar a elevar sus corazones a Dios de forma simple y natural. Digamos que una niñita viene con una amplia sonrisa para decir que su padre ha obtenido una nueva y mejor posición en su trabajo. Pues, así como la piadosa madre de casa, con los hijos reunidos a su alrededor, daría las gracias a Dios por el favor; así también el instructor, supliendo a los padres, puede llamar a todos los niños para que le ayuden a la niñita a expresar sus gracias por la bendición de Dios.

Al mismo tiempo, los rezos formales no han de ser descuidados. El profesor debe llegar a ellas gradualmente por medio de historias, imágenes y pláticas informales, a fin de que, cuando esté listo para enseñar un rezo específico, la mente del niño haya entendido el significado. Tomemos, por ejemplo, el acto de contrición, que puede escogerse en la forma simplificada y expresarse de diversas maneras. Mediante preguntas como ¿por qué estás triste?, ¿cómo prueban los niños que están realmente arrepentidos?, y mediante casos tomados de sus propias experiencias, se va formulando gradualmente la oración. Las palabras difíciles como «arrepentido de todo corazón» y «aborrezco mis pecados» se colocan en su posición apropiada solamente después de que los términos más sencillos hayan hecho la idea algo familiar.

Entonces, y sólo entonces, puede comenzar la memorización de los rezos.

Los rezos enseñados usualmente son:
    1) la señal de la cruz;
    2) el Avemaría;
    3) el Padrenuestro;
    4) la oración al ángel guardián;
    5) el acto de contrición;
    6) los actos de fe, esperanza y caridad;
    7) el Angelus;
    8) la bendición en las comidas;
    9) el Credo.

El orden en que se han de enseñar, y cuándo se han de enseñar, dependerá en la preparación, edad, inteligencia y actitud de los niños.

Especialmente a través de la oración informal, el profesor tendrá la oportunidd de mostrar, sin necesidad de explicaciones largas, cómo se utiliza a veces la oración para adorar y alabar a Dios; y en otras ocasiones, para pedirle y agradecerle por algo; y de nuevo, para decirle cómo nos sentimos, especialmente cuando estamos arrepentidos por haberlo ofendido. Cuando sea posible, las plegarias se deben enseñar como el resultado de una situación natural, como ya se dijo. Tomemos otro ejemplo. El profesor puede que diga a la clase: «Juan me dijo esta mañana que su mamá está muy enferma. ¿Les gustaría hacer una pequeña oración por ella? Diosito, por favor haz que la mamá de Juan se alivie. Virgencita María, ayúdala». Y en cuanto ya puedan recitar una plegaria formal como el Avemaría, lo pueden añadir enseguida. Luego, Juan reporta que su mamá está mejor, y a esto le sigue una oración de gracias: «Diosito, ¡qué bueno eres! Gracias por hacer que la mamá de Juan se pusiera mejor. Gracias Virgencita María».

III. Grados intermedios

Sin tener en cuenta el grado en que se encuentren, cuando los niños sepan poco o nada acerca de Dios, el procedimiento para la enseñanza de la oración debe ser casi el mismo como en los grados primarios, excepto que el proceso puede avanzar más rápidamente.

Suponiendo, sin embargo, que los niños de este grupo ya se saben algunas de las oraciones más comunes, el profesor debe asegurarse de dos cosas: 1) que los alumnos puedan ya rezar correctamente, y 2) que sepan lo que están diciendo.

Para asegurarse del primer detalle, el profesor debe pedirle a los niños que escriban las oraciones de memoria; pero que no sean demasiadas, o el leerlas y corregirlas y, especialmente, descubrir las revelaciones que puedan contener, puede fácilmente volverse una tarea abrumadora.

Las preguntas ingeniosas descubrirán qué tan bien entienden los niños las plegarias que recitan. Es muy probable que algo del trabajo de los grados primarios se tenga que repetir. Debe recordarse que es mucho más difícil arrancar los malos hábitos de la oración y reemplazarlos con buenos hábitos, que formar nuevos hábitos. Se necesitará mucha paciencia, instrucción y repetición para cambiar la acostumbrada repetición mecánica de las oraciones por las que se hacen de corazón y de una sincera comunión con Dios. Con todo, debe hacerse si hemos de preparar a los niños para que vivan vidas católicas inteligentes.

Es muy difícil que los niños y niñas que ya han aprendido el verdadero significado de la oración, que han probado la cercanía de Dios en el alma y que han derramado sus gozos y ansiedades en unión íntima con Él, es muy difícil que se salgan del camino en forma permanente. Por otro lado, se puede ver claramente cómo los que han rezado de corrido y mecánicamente la mitad de su vida pueden ser convencidos fácilmente de que toda la religión es mera pantomima, así como han sido sus oraciones.

Con la repetición de los rezos comúnmente usados en los grados anteriores, el conocimiento y la comprensión del niño han de haberse enriquecido en gran manera. El Padrenuestro, por ejemplo, ahora debe tomar un significado más profundo por razón de un experiencia más amplia en vida. El «venga tu reino» incluirá ahora el deseo de ayudar a las misiones en un sentido espiritual y material. De manera similar, el «en reparación de mis pecados» del acto de contrición debe hacer consciente al niño de su obligación de hacer una pequeña penitencia, particularmente durante las temporadas penitenciales.

La meta del profesor en los grados intermedios, entonces, debe ser más el dar a los niños un mejor entendimiento y apreciación de las oraciones que la Iglesia aprueba y reza de ordinario, que añadir una multiplicidad de devociones. En general, los niños de este grupo deben tener ideas bien balanceadas de lo siguiente:

1) Lo que es la oración y cómo debe usarse.

2) La diferencia entre oración formal e informal y el valor especial de cada una.

3) Una comprensión de las oraciones más comúnmente usadas, incluyendo el rosario, las estaciones de la cruz y las litanías.

4) Algún conocimiento del valor de la Misa y la mejor manera de participar en ella. Para una instrucción grupal de la Misa, sería de gran ayuda que cada niño poseyera un librito sencillo de las oraciones de la Misa; para este entonces, los niños también han de ser capaces de distinguir entre las oraciones y devociones sobresalientes que la Iglesia ha aprobado y las llamadas devociones «preferidas».

IV. Grados superiores

De nuevo, como en los grados anteriores, el profesor debe asegurarse de que los alumnos puedan decir las oraciones ordinarias correctamente, y que sepan lo que significan. Si su conocimiento de estos esenciales es deficiente, es mucho mejor darles un buen fundamento general y hacer que obtengan un entendimiento profundo de un número limitado de oraciones formales, que tratar de alcanzar demasiado sin un fundamento bueno.

Además de los requerimientos ya mencionados para los grupos más jóvenes, los chicos de los grados superiores deben ser instruidos especialmente en cuanto a los siguiente:

1) Un conocimiento más íntimo de las oraciones ordinarias, particularmente del Credo. Este conocimiento ha de adquirirse en gran medida en correlación con la instrucción doctrinal.

2) El uso del Misal y, con ello, un entendimiento del año litúrgico.

3) El uso de los salmos o partes de los salmos como forma deseable de oraciones para las varias ocasiones.

4) Una introducción a la práctica de la meditación en la manera más corta y sencilla.

5) Una introducción a la lectura espiritual como parte de la vida espiritual, y en particular una apreciación del Nuevo Testamento. Muchos de los textos, leídos lenta y concienzudamente, serían un núcleo para la forma sencilla de meditación ya sugerida.

V. Los grados de preparatoria

Con tal de que los estudiantes mayores de preparatoria tengan el fundamento necesario, debe darse especial importancia a la relación íntima entre su vida espiritual y su conducta, entre su vida de oración y su vida de actividad. En otras palabras, el profesor debe emplear todos los medios posibles para cultivar en los alumnos una simplicidad infantil y una sinceridad absoulta en sus relaciones con Dios. En ningún lugar se refleja mejor esta actitud que en la historia del fariseo y el publicano, y puede estudiarse juntamente con la obra Two Wento into the Temple to Pray de Richard Crashaw. En este mismo tema, las peticiones de la Oración Dominical — «Padre nuestro», «perdona nuestras deudas», etc. — ayudarán a que el alumno tenga un mayor discernimiento en su relación con el prójimo. No debe haber ninguna discrepancia entre sus palabras y sus obras. También, debe haber ahora un mejor entendimiento entre la oración genuina y la mera sentimentalidad. Su oración, al igual que su catolicidad, debe volverse más y más viril conforme vayan incrementando en edad y ciencia.

Otros puntos a considerar en esta etapa son:

1) La gran necesidad de la oración, especialmente en el momento de la tentación.

2) La necesidad de perseverancia en la oración, especialmente cuando uno está tentado a decir: «No puedo orar».

3) El cultivo de una buena amistad personal con Cristo, particularmente a través de una vida de oración.

4) El reconocimiento de que la oración no necesariamente necesita expresarse en tantas palabras, sino que todas nuestras acciones pueden convertirse en oración mediante una buena intención.

5) Una explicación de la oración de alabanza y adoración como la forma más elevada y aceptable. El uso del Gloria Patri, Gloria in Excelsis Deo, Te Deum, etc., con qué intención en mente.

6) Un entendimiento más completo de la liturgia, particularmente el uso del Misal como el mejor medio para mantener la vida cristiana en armonía con el espíritu de la Iglesia.

7) La práctica de la simple meditación, como una lectura solícita y ponderada de las selecciones Escriturísticas, más que cualquier forma particular de actividad mental.

8) Discusiones informales sobre la oración en el hogar cristiano, y un intento por inculcar los altos ideales cristianos en las mentes de los estudiante como futuros formadores del hogar.

En esta coyuntura, puede discutirse con los estudiantes la primera parte del capítulo que trata con las oraciones para niños de preescolar.

En conclusión, recordemos una vez más que en cada caso el profesor debe comenzar con su clase en el nivel espiritual en que los encuentre, y tratar de construir a partir de ese nivel. Un grupo de secundaria que ha tenido poca o nada de instrucción en las oraciones, por ejemplo, ganará más mediante una simple explicación del Padrenuestro y aprendiendo a orar con humildad, sinceridad, perseverancia y confianza, que por la imposición de oraciones del Misal antes de que estén listos para apreciar tales oraciones. Sobre todo, que el instructor tenga firme en su mente que su deber no sólo es enseñar a los niños sus oraciones, sino también, y sobre todo, enseñarles a cómo orar.

* Tomado de Religious Instruction and Education (capítulo 5, Joseph J. Baierl, S.T.D., Rudolph G. Bandas, Ph.D., S.T.D. y Joseph Collins, S.S., S.T.D.; Nueva York: Joseph F. Wagner, Inc., 1938).

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