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Preparando un hogar para la visita a los enfermos

Una parte ineludible de la vida familiar católica — o, si vamos a eso, de cualquier tipo de vida — son la enfermedad y la muerte. Hay tiempos en una familia cuando un miembro está más o menos seriamente enfermo y que se recupera, pero también habrán tiempos de última enfermedad y de muerte. En cualquier caso es imperativo llamar a un sacerdote para que pueda traer el consuelo y la fortaleza de los sacramentos a la persona enferma. El Cardenal Vaughn de Inglaterra observó maravillosamente hace aproximadamente cien años que la esencia del sacerdocio consiste en llevar gente a Nuestro Señor (a través de los sacramentos) y en traer a Nuestro Señor a la gente cuando no son capaces éstas de ir por sí mismas.

Cuando se llama a un sacerdote para atender a una persona en peligro de muerte, él administrará los Últimos Ritos, los cuales consisten en los sacramentos de Penitencia, Sagrada Eucaristía (que ha de administrarse como el Santo Viático), y Extremaunción. Los Últimos Ritos también incluyen la Bendición Apostólica, que, si se recibe con las disposiciones correctas, obtendrá para el moribundo una indulgencia plenaria en la hora de la muerte: un vuelo rápido al Cielo, en otras palabras, sin detenerse en el Purgatorio. En tanto que la la muerte se vuelve inminente, el sacerdote también leerá las oraciones para los moribundos contenidas en el Ritual Romano.

Si la persona está seriamente enferma, pero no en peligro de muerte, el sacerdote administrará los sacramentos de Penitencia y Sagrada Eucaristía, y dará la bendición para los enfermos que se encuentra en el Ritual Romano. Aunque es mucho más imoprtante llamar al sacerdote cuando alguien está en peligro de muerte, estad seguros de notificar al sacerdote cuando vos o un miembro de la familia esté seriamente enfermo y confinado a la cama. Es deber pastoral del sacerdote visitar cuando esto ocurra. Además de la oportunidad de recibir los sacramentos, la visita de enfermos fortalece también la relación párroco-parroquiano, y en algunos casos hasta la restaura (p. ej. en el caso de que un enfermo haya estado ausente de los sacramentos o de la Iglesia).

Otra razón para llamar al sacerdote en cualquier enfermedad seria es que puede convertirse fácilmente en peligro de muerte. ¡Qué tragedia sería si alguno muriera sin los sacramentos y las bendiciones de la Iglesia simplemente porque los miembros de familia equivocadamente juzgaron prematuro llamar al sacerote! Es en la hora de la muerte que el diablo típicamente libra su más feroz batalla para arrastrar el alma más en el pecado, en el desánimo o hasta en la desesperación. Esta es su oportunidad para arrebatar el alma. Por eso, no hay necesidad de arriesgarse. Además, llamar al sacerdote de manera oportuna le asegurará al enfermo la recepción de los sacramentos con mejor presencia de mente y con una preparación consciente. Un manual para estudiantes católicos observa:

“Cuando alguien está muy enfermo, no debemos esperar hasta que esté muriendo para llamar a un sacerdote. El enfermo no puede ir a confesión ni recibir la Sagrada Comunión cuando ya esté inconsciente. Frecuentemente la gente tiene miedo de que el sacerdote asustará al enfermo. Al contrario, los sacramentos son fuente de alivio y consuelo para el enfermo. Usualmente están más contentos después de ver al sacerdote” (The Sacraments and the Mass, por Joseph P. Vacek y Josephine Littel de The Confraternity of Christian Doctrine de la Arquidiócesis de San Pablo, Inc. San Pablo, MN 1939, p. 41).

En peligro inminente de muerte, debe llamarse inmediatamente al sacerdote, y por supuesto, a cualesquier horas del día o la noche (muchos sacerdotes católicos tradicionales tienen un teléfono celular, un viper, o teléfono de mensajes para este propósito). Si el peligro no es inminente, sin embargo, son necesarias algunas preparaciones para la visita de los enfermos del sacerdote. Desafortunadamente, aun muchos católicos tradicionales ignoran cómo preparar el hogar para una visita de este tipo, y es para remediar este problema que se escribe este artículo.

Primero, bañad al paciente, si es posible, y aseguraos de que el cuarto esté en orden y limpio. Tened una pequeña mesa cerca de la cama del enfermo y cubridla con un lienzo blanco y limpio. Colocad los siguientes artículos en ella:

  1. un crucifijo,
  2. dos velas benditas,
  3. agua bendita (en una botella o cualquier otro contenedor),
  4. un pequeño vaso de agua corriente y una cuchara,
  5. un pañuelo blanco para uso del enfermo,
  6. varias bolitas de algodón (éstas serán usadas para limpiar el Santo Óleo de los cinco sentidos de la persona después de haber sido ungido),
  7. un plato con una mitad de pan (el sacerdote lo utilizará después para limpiarse el pulgar del Santo Óleo) y
  8. una pequeña cazuela de agua y una toalla chica (para que el sacerdote pueda lavar sus manos después de administrar la Extremaunción).

Al sacerdote se le debe recibir en la puerta con una vela encendida y se le guiará al cuarto del enfermo. Todos los presentes se han de arrodillar por reverencia al Smo. Sacramento.

illustration of how to set up for a sick call

Los primeros tres artículos mencionados debieran ser fáciles de conseguir, ya que toda familia católica debe tener un crucifijo, velas y agua bendita en el hogar. Sin embargo, si pocos o ninguno de estos está disponible, no os preocupéis; el sacerdote usualmente lleva versiones en miniatura de éstos en su maletín.

Si el sacerdote viene solamente a dar la Sagrada Comunión, entonces omitid los artículos del 6-8, ya que no serán necesarios.

El manual para estudiantes católicos mencionado arriba tiene esta bella exhortación (p. 41):

“Orad por la gracia de una muerte feliz. La gracia para morir en la amistad del Dios Todopoderoso es la mayor bendición que nos pueda acaecer. Así como San José, esperamos nosotros morir con Jesús y María a nuestro lado. Debemos orar por el bendito privilegio de recibir a Nuestro Señor en lo último, a fin de que sea nuestro alimento de fortaleza en nuestro viaje hacia la eternidad; y también que María, nuestra Madre, ore por nosotros. Recemos siempre la siguiente oración:

“Jesús, María y José, os doy mi corazón y alma.
Jesús, María y José, asistidme en mi última agonía.
Jesús María y José, que pueda yo espirar mi alma en paz con vos. Amén.”

Un breve catecismo sobre la Extremaunción

La Extremaunción es el sacramento que, por la unción con el Santo Óleo y las oraciones del sacerdote, da salud y fuerzas al alma, y a veces al cuerpo, cuando estamos en peligro de muerte a causa de enfermedad, accidente o vejez. No sabemos exactamente cuándo fue que Jesús instituyó este sacramento, pero está claramente explicado en la Escritura: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los sacerdotes de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Santiago 5:14-15).

Nosotros usualmente cometemos pecado a través de nuestros sentidos. De ahí que el sacerdote unja los ojos, oídos, nariz, boca, manos y pies del enfermo con el Santo Óleo, pidiendo a Dios que le perdone los pecados cometidos a través de estos miembros corporales. Si el enfermo está arrepentido de sus pecados, pero no puede ir a confesión, la Extremaunción perdonará hasta el pecado mortal. Este sacramento siempre da alivio y fortaleza al alma en contra de las tentaciones, y si es la voluntad de Dios, ¡también cura el físico! Si el enfermo no se va a recuperar, las manchas del pecado serán quitadas del alma, y con ello prepararlo para el Cielo.

El Catecismo de Baltimore enumera los efectos de la Extremaunción como: primero, un incremento en la gracia santificante; segundo, alivio en la enfermedad y fuerza contra las tentaciones; tercero, preparación para la entrada en el cielo por medio de la remisión de nuestros pecados veniales y la purificación de nuestras almas de los restos del pecado; cuarto, salud de cuerpo cuando es bueno para el alma.

El catecismo también declara que debemos prepararnos para recibir Extremaunción por medio de una buena confesión, actos de fe, esperanza y caridad, y especialmente por la resignación a la voluntad de Dios.

En caso de una muerte súbita, de todas formas siempre llamad al sacerdote, ya que la absolución y la Extremaunción pueden darse condicionalmente por algún tiempo después de la muerte aparente.

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Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI
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Tel: (402) 571-4404
Fax: (402) 571-3383



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