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Sobre el Tercer Secreto de Fátima

El 13 de mayo del 2000 se hizo un importante anuncio en Fátima: el Tercer Secreto finalmente será revelado. El 26 de junio, el vaticano oficialmente publicó el texto del secreto con todo y el supuesto facsímil del escrito que hizo Sor Lucía en 1944; así como un comentario del Cardenal Ratzinger.

The Reign of Mary, como publicación de la Congregación María Reina Inmaculada y de su apostolado, hace las siguientes observaciones:

1. Es difícil, en primer lugar, confiar que la jerarquía modernista del Vaticano II enseñaría correctamente en materia concerniente a la fe católica. Después de todo, esta misma jerarquía oficialmente enseña la herejía del falso ecumenismo conciliar, promulgó una ‘misa’ que no produce válidamente la Sagrada Eucaristía y que es dañina a la fe, e instituyó prácticas litúrgicas y canónicas malignas. Además, cuando se considera la posibilidad de que, en el Vaticano, muchos cardenales de alto rango sean francmasones y se practique el satanismo (alegaciones hechas por Malachi Martin en su libro Windswept House, y por el Arzobispo modernista Emmanuel Milingo — vid. The Reign of Mary, edición #90), difícilmente puede uno tener confianza en las revelaciones hechas por el Vaticano.

2. El Tercer Secreto había de revelarse en 1960. De acuerdo a fuentes vaticanas, el año lo determinó Sor Lucía, basándose en su propia intuición de que la situación “se volvería más clara para entonces.” En 1946, sin embargo, Sor Lucía declaró a Canon Barthas que era necesario esperar hasta 1960 para la revelación del secreto, “porque así lo desea la Santa Virgen” (The Third Secret of Fatima, Rockford: TAN Books and Publishers, 1991, p. 7, escrito por Fray Miguel de la Santa Trinidad). No es lógico suponer que una espera de cuarenta años estaba en armonía con los deseos de nuestra Santa Madre. Esta demora, por tanto, es un problema serio para el cual no ha habido explicación adecuada. Una conjetura válida acerca de la supresión del auténtico Tercer Secreto, basada en los estudios hechos por expertos en el tema, es que su divulgación en 1960 habría desalentado el criticismo entusiasta de los modernistas ocurrido en el Concilio Vaticano II. Y aunque Sor Lucía hubiera determinado el año por sí sola, ¿qué se ha vuelto, como resultado, “más claro” ? ¡Nada! Como señala el astuto observador, Jim Larrabee: Esta versión del secreto no depende de algún año en particular ni vuelve nada “más claro” (Discusión por correo electrónico Sto. Tomás, moderada por John Lane, 6/27/00).

3. Existen inconsistencias en la caligrafía cuando se le compara con otras monografías de Sor Lucía. Hay problemas gramaticales con frases como “medio en ruinas y medio tembloroso.” Además, hay oraciones y conceptos pobres. Por ejemplo: “las almas de los cadáveres.” ¿Qué encontraba el obispo vestido de blanco en su camino por la montaña?; ¿las almas o los cadáveres? Otra semejante es: “regaban con ella [la sangre de los Mártires] las almas.” ¿No son ellas mismas los mártires?; ¿acaso es su propia sangre?; ¿por qué o cómo es posible regar un alma con sangre?; ¿no estaban ya regadas por causa de su propio martirio?; ¿tiene sentido todo esto? Y si los “cadáveres” son los “mártires,” ¿por qué orar por ellos? Y si no son, ¿quiénes son?

4. Este Tercer Secreto no parece ser consistente con los primeros dos secretos. La visión del infierno y las palabras de Nuestra Señora son claras y directas. Este supuesto Tercer Secreto, por el contrario, es simbólico. ¿Cómo cuadra éste con los primeros dos?

5. De acuerdo al Vaticano, el “Obispo de blanco” es Juan Pablo II a causa de la pretendida correlación que hacen entre el martirio de aquél y el atentado contra la vida de éste el 13 de mayo de 1981, en Roma. Esto es sólo una suposición y no un hecho. La correlación se vuelve aún más tenue a la luz de que el “Obispo de blanco” muere, mientras que Juan Pablo II no.

6. La interpretación ofrecida por el Vaticano es, según el sitio de internet (www.Fatima.org, a partir del 6/27/00) del P. Nicolás Gruner, un “encubrimiento.” El P. Kramer relata en el comentario que Sor Lucía escribió una carta a Juan Pablo II el 12 de mayo, de 1982, un año después del atentado, en la cual declaraba que el cumplimiento total de la profecía aún no ha ocurrido. En esa carta no se refirió, en absoluto, al atentado. Continúa el P. Kramer: “La interpretación del Vaticano no encuentra apoyo ni en el texto de la visión ni en la opinión de Sor Lucía sobre el secreto, esto es, como lo expresó en su carta de 1982 al Papa. En pocas palabras, estamos ante un encubrimiento del Tercer Secreto.” El comentario además señala que, contrario a lo que todos esperaban, no se encuentra ni una sola palabra por parte de Nuestra Señora en este supuesto Tercer Secreto. Además abundan muchos otros problemas.

La Congregación de María Reina Inmaculada y el Reinado de María, por tanto, suspenden necesariamente un juicio final sobre este texto del Tercer Secreto de Fátima y rezan para que se presenten señales más evidentes de su autenticidad. Si es una farsa, como sospechan algunos, ¡que se haga eso saber lo más pronto posible! Y aunque creemos estar viviendo en los tiempos apocalípticos, no obstante, no aceptamos la interpretación del Vaticano.

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El Texto del Tercer Secreto

(tal como fue publicdo en el sitio de internet del Vaticano, 7/26/00)


Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: “ algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él ” a un Obispo vestido de Blanco “ hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre .” También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

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Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI
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