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Las palabras de la consagración

Casos de conciencia tomados de The Casuist
(Joseph F. Wagner Publishers, NY, 1906)


Ticiano, un sacerdote de naturaleza algo escrupulosa, repite las palabras de consagración muy a menudo en la misa. Una vez repitió las palabras consagratorias sobre el cáliz porque había dicho: “Hoc est enim calix sanguinis mei” en lugar de “Hic est.” En otra ocasión, omitió las palabras “mysterium fidei ” y, por lo tanto, repitió toda la fórmula. En otra instancia repitió la fórmula consagratoria sobre el cáliz porque en su prisa por terminar la misa dijo sanguis y no sanguinis. Y aún en otra ocasión se detuvo en medio de la fórmula consagratoria para el cáliz hasta que terminó de hacer un acto de contrición, pues temía que pudiera estar en pecado mortal.


El confesor de Ticiano no sabe cómo juzgarlo.

1. En la primera instancia, Ticiano no debió haber repetido las palabras consagratorias sobre el cáliz a fin de corregir un error de gramática. “Hoc est” tenía exactamente el mismo significado que la forma rubrical “Hic est.” Es un latín menos correcto, pero es sinónimo de “Hic est.” “Hoc est enim calix” no es un cambio sustancial de la fórmula consagratoria, y no invalida la forma.

2. La omisión de las palabras “mysterium fidei” no invalida la forma. Si se omitieran todas las palabras, comenzando con “novi et æterni” hasta el final “peccatorum,” la fórmula tendría que repetirse porque, debido a la opinión de teólogos importantes, la forma probablemente sería inválida. Mas lo mismo no puede decirse de la omisión de una o dos palabras, y algunos teólogos piensan que la repetición de las palabras consagratorias sería acto ilícito si solo se omitieron una o dos palabras, como “mysterium fidei” (cf. Lehmk, II, 129; Genicot, II, 110).

3. Pronunicar sanguis en lugar de sanguinis no le da a las palabras consagratorias ningún sentido novedoso. Es evidente que solo fue un lapsus, un pequeño error accidental de pronunciación, y que Ticiano tuvo intención de hacer lo que la fórmula gramatical dice.

4. Ticiano hizo mal en repetir toda la fórmula solo porque la interrumpió momentáneamente a fin de hacer un acto de contrición. Las interrupciones leves que hacen los sacerdotes escrupulosos al pronunciar las palabras de la consagración no constituyen una interrupción moral. Añadiremos que en el caso de Ticiano, es muy probable que la consagración del cáliz ya se había realizado cuando interrumpió la fórmula para hacer un acto de contrición (c.f. Genicot n. 176, II).

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