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Teología Moral:
Cena en viernes con un acatólico

Tomado del libro Father Connell Answers Moral Questions
del Rvdmo. Francis J. Connell, C.SS.R., S.T.D., L.L.D., L.J.D.

Pregunta: Si un católico come en la casa de un amigo no católico en viernes, y le sirven carne, ¿puede él comerla por razón de que la vergüenza causada a su amigo constituiría una situación lo suficientemente incómoda como para excusarlo de la ley de la abstinencia?

Respuesta: Este caso es hoy muy frecuente en los Estados Unidos, y parecería que algunos sacerdotes están demasiado prestos a dar una decisión indulgente. Ahora bien, existen teólogos que declaran que un católico puede comer la carne que encuentra servida inesperadamente en la casa de un amigo en un día de abstinencia. Tal es la opinión de Damen (Theologia Moralis [Turin, 1947], I, n.º 1065) y Merkelbach (Summa Theologiae Moralis [Paris, 1938], II, n.º 967).

Sin embargo, estos teólogos añaden que una causa justificante existe solo si presenta alguna inconveniencia grave el que el católico se abstenga de la carne o parta sin comer. Además, debe subrayarse que si la carne fue colocada en frente del católico en desdén de la religión, o si se prevee que su participación en la comida causaría gran escándalo, debe abstenerse.

Ahora, en nuestro país un católico rara vez causaría una grave inconveniencia si, en las circunstancias descritas, declinara cortesmente la porción de carne de la cena. El anfitrión puede avergonzarse un poco, pero no puede razonablemente ofenderse por la adherencia de su huésped a los dictados de su conciencia. Además, usualmente no habría dificultad en proporcionarle al invitado católico una comida adecuada para la abstinencia.

Por otro lado, si un católico come carne en esta situación, frecuentemente habría escándalo. Los otros invitados puede que no comenten sobre la conducta en presencia suya, pero la observarán; y a los católicos les puede parecer un incentivo para hacerse más indulgentes, interpretando ellos mismos la ley; y a los acatólicos puede dar la ocasión para denunciar a los católicos en general como gente inconsecuente y hasta hipócritas. Por consiguiente, el sacerdote a quien se le presente un caso como éste debe responder ordinariamente que el invitado católico está obligado a rehusar la carne.

Si se añaden circunstancias en un caso particular que apunten a una grave inconveniencia en caso de rehusar, y no hay peligro de escándalo o de desprecio de la religión, puede darse una decisión indulgente; pero esto debe considerarse como un caso excepcional.

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