Home Articles Mass Centers Publications CMRI Links Contact Us

Fátima: Diamante de Esperanza

Conferencia de Fátima, Discurso de Apertura por el Rvmo. P. Denis Chicoine, CMRI

Vuestra Excelencia, Obispo Pivarunas, Reverendísimo Padre General, Reverendos Padres, clérigos y Hermanos, Reverenda Madre, queridas Hermanas y amigos: ¡Alabados sean Jesús y María!

Qué singular gracia es la nuestra poder reunirnos esta noche para celebrar el 75 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima. ¿Pero por qué es una gracia singular? Porque nos proporciona la oportunidad de centrar nuestra atención en el único plan — El Divino Plan de Paz — que traerá el descanso de alma a los hombres y una verdadera y duradera armonía para este mundo caótico y pecaminoso.

La mayoría de vosotros está familiarizado con Fátima. Aún cuando nada nuevo se diga en esta plática, espero y ruego que os convenza más que nunca de la vital importancia del mensaje de Nuestra Señora. Estamos hablando de vida o muerte — no en sentido físico, sino de vida eterna y muerte eterna.

Nos hemos reunido aquí para honrar a nuestra Santa Madre y cantarle alabanzas. Nos reunimos como familia espiritual para orar juntamente y gozar de la compañía de los demás. Nos reunimos para recargarnos espiritualmente y salir con una actitud de esperanza firme después de habérsenos recordado de nuestro propósito en la vida, de haber sido convencidos de la necesidad por un plan de acción para arreglar nuestra salvación. Este plan debe ser sólido, estable, y duradero. En estos días en que se pone mucho enfásis en los “pensamientos positivos” y la motivación, parece haber muy poco interés cuando se trata de la verdad, la Voluntad de Dios, o de una dedicación total al desarrollo de una vida interior fuerte y profunda. Muchos, estoy seguro, han oído oradores que promueven el pensamiento positivo para ayudar a la gente tener mejores vidas o hacerse mejores personas. Mientras que muchos de estos oradores consideran el aspecto espiritual al menos en forma general, su principal esfuerzo parece enfocarse en el aquí y ahora. Lo que necesitamos hoy son individuos que sean capaces y estén dispuestos a motivar a la gente en forma espiritual, a hacer cosas difíciles, pero muy, muy necesarias para obtener la vida eterna.

La preocupación de nuestra Señora de Fátima fue doble: 1) que Dios estaba siendo ofendido; 2) que se estaban perdiendo almas en el infierno para toda la eternidad. La solución que ella nos dio fue espiritual, no política. Y eso, mis queridos amigos, debe entenderse bien. Debemos ser cuidadosos de no involucrarnos en la política u otras actividades a expensas de la vida espiritual. Esto no significa que nunca debamos involucrarnos en estas actividades para alcanzar buenas causas. Pero el diablo es muy, muy astuto. Hay un pasaje en la Imitación de Cristo que nos advierte cómo el diablo inspira a hacer buenas cosas para impedirles hacer cosas mejores.

Para comenzar, consideremos tres tiempos diferentes: antes de Fátima, durante Fátima hasta 1960, y 1960 hasta el presente, y lo que se puede esperar en el futuro. Para hacer esto empezaremos por el principio. Cuando Dios Todopoderoso creó el mundo, Él tenía un plan en mente. Cuando creó a los ángeles, les dio gracia, conocimiento, y ciertos poderes, incluyendo el libre albedrío. Él les dio la oportunidad de merecer la vida eterna con la prueba de la obediencia. Los ángeles podían conformar su voluntad a la de Dios, o rebelarse y desobedecer. Ya sabemos la historia de Lucifer y sus seguidores en la desobediencia. Recordad — ellos fueron los autores de su propia condenación — no Dios. Por esa resistencia, ganaron para sí el castigo de ser arrojados en el infierno.

Lo mismo pasó con Adán y Eva. Se les había dado todo lo que era necesario para ser felices sobre la tierra y eventualmente gozar la felicidad eterna en el cielo. Pero ellos, también, por su pecado se hicieron los autores de su propia miseria. Dios, nuestro Creador, ciertamente tiene el derecho a ser obedecido. Ni los ángeles ni los hombres tenían el derecho de oponerse a Dios o a Su voluntad. Tenían la habilidad para rebelarse, pero no el derecho. Hay una diferencia. Cuando escogieron desobedecer, escogieron sufrir las consecuencias. Esto es muy importante que recordemos. El Antiguo Testamento relata la historia del pueblo escogido y cómo, siempre que éstos hacían la voluntad de Dios, Él los bendecía y cuidaba que tuvieran las necesidades de la vida. Conquistaban a sus enemigos y vivían en relativa paz. Por otro lado, cuando muchos de ellos decidieron ignorar las leyes de Dios y vivir vidas pecaminosas, decidieron ser castigados por Él y perder la paz que una vez gozaron. Ya sabéis las historias de la destrucción de Sodoma y Gomorra, de los tiempos en que los israelitas fueron llevados en cautiverio por Egipto y por los babilónicos, y del gran diluvio sobrevivido solamente por Noé y su familia — únicamente ocho personas. Luego, cuando Nuestro Señor vino y enseñó a Su pueblo la verdad, ellos lo rechazaron, lo crucificaron, y decidieron por sus acciones sufrir las consecuencias de volverse ciegos espiritualmente y de atestiguar eventualmente la destrucción de Jerusalén. Cuando nuestro Divino Señor fundó Su Iglesia y nos envió a Sus Apóstoles para enseñarnos cómo vivir y qué creer, fue de nuevo la obediencia a Dios el requisito para ganar la vida eterna.

Los seguidores de Cristo, los cristianos, se conocieron como el nuevo Pueblo Escogido. La Iglesia, a la cual pertenecían, explica todas las verdades que nuestro Divino Señor enseñó. Los sacramentos que reciben los capacitan para vencer su naturaleza caída, los encantos del mundo y las tentaciones del demonio. Los cristianos primitivos sufrieron grandes persecuciones — fueron seguidores de nuestro Divino Señor a costa de sus propias vidas. San Alfonso de Ligorio nos dice que entre 7 y 11 millones de Cristianos fueron martirizados durante las persecuciones romanas. Finalmente, se les permitió practicar abiertamente su Fe, y construir bellas y magníficas iglesias. Pero en el curso del tiempo, muchos se volvieron tibios y comenzaron a vivir el pecado. En la historia eclesiástica vemos este patrón una y otra vez: primero, un fervor inicial en la mayoría de los cristianos; luego, un relajamiento gradual y la eventual caída en masa; luego, una advertencia de un santo, de Nuestra Señora, o del mismo nuestro Divino Señor; y por último, una enmienda de vidas en respuesta a la advertencia, o un castigo por falta de enmienda. Uno pensaría que el hombre aprendería de los errores de los demás, pero con demasiada frecuencia, ese no es el caso.

Reflexionemos sobre algunos eventos que tomaron lugar en siglos recientes como consecuencia directa de la indiferencia por parte de los católicos. Hubo una Revolución Protestante durante los siglos dieciséis y diecisiete. Como resultado, millones de gentes, y en algunos casos, naciones enteras, fueron eventualmente descarriadas de la Fe Católica. Grandes números de protestantes emigraron a otros países, y comenzaron a hacer proselitismo con sus errores en tierras que aún no habían sido expuestas al cristianismo. Basta decir que la Revolución Protestante fue el comienzo del desastre espiritual desconocido hasta ese tiempo. Cuando un reflexiona sobre el hecho de que Cristo fundó Su Iglesia a fin de llevar almas a la vida eterna a través de Su enseñanzas y sacramentos de vida, podemos ver cómo este desastre espiritual fue uno de los peores en la historia. Una vez oí un dicho que dice que el mejor camino para pervertir a la gente es la ignorancia. Los católicos que no están bien instruídos en su fe son fácilmente llevados por mal camino.

En los siglos dieciocho y diecinueve, la Revolución Francmasónica tomó lugar en Europa. El clero católico y los religiosos fueron torturados y asesinados; los gobernantes católicos, reyes y reinas, fueron ejecutados. Los derechos de Dios fueron destronados mientras que los todopoderosos derechos del hombre fueron entronizados.

Luego vino el siglo veinte. En 1917, el año en que Nuestra Señora se apareció en Fátima, la Revolución Bolchevique tomó lugar en Rusia, un evento que a la larga le costaría la vida a cientos de millones. Una vez más la verdadera Fe fue prohibida. Se consideró a la religión como enemiga del pueblo. Lo único que debía considerarse era el estado Comunista.

Recordemos, una vez más, que el pecado es la causa principal de cualquier castigo que Dios ha impuesto sobre el hombre. Es fácil señalar a los demás. Recuerdo algo que Zig Ziegler dijo en una de sus pláticas, “Recordad — que cuando apuntamos a esa persona con un dedo, hay otros tres apuntando hacia nosotros.” Deberíamos hacer un examen interior de nuestras vidas antes de acusar a otros de ser los responsables por el mal en el mundo. ¿Qué viene a la mente cuando reflexionamos sobre el mensaje de Fátima? Uno habla sobre el Rosario, el otro de un llamado al sacrificio y la penitencia. Algunos enfatizan la devoción al Inmaculado Corazón de María. Otros advierten sobre las muchas almas que se perderán en el infierno debido a los pecados de impureza, y a las modas y estilos inmodestos que Nuestra Señora predijo. Estas y otras cosas las mencionó Nuestra Señora, pero especialmente debemos recordar su súplica, “He venido a pedir a los hombres a que enmienden sus vidas. Los hombres deben dejar de ofender a Dios, Quien ya está demasiado ofendido.” Las principales preocupaciones de Nuestra Señora eran que se estaba ofendiendo a Dios, y que se estaban perdiendo almas en el infierno. El Rosario, el Escapulario Café, la devoción al Inmaculado Corazón de María, la modestia y la puerza, el sacrificio y la penitencia — todas estas cosas son medios para el derramamiento de la gracia divina, la cual fortalecerá a los hombres espiritualmente y los motivará a enmendar sus vidas.

Me gustaría hacer referencia a una entrevista de la Hermana Lucía hecha por un sacerdote, el Padre Fuentes, en 1957, para enfatizar de nuevo la importancia del Rosario. Recordad, el Rosario es un medio para un fin. El fin que buscamos es hacer la voluntad de Dios, santificar nuestras vidas, oponernos al mundo, al diablo y a la carne, vivir como cristianos en lugar de mundanos. El Rosario es un arma muy poderosa. Recordad cómo el Papa Pío XII dijo que el que reza el Rosario puede compararse con David, quien con su honda derribó a Goliat. Hay gente que ridiculiza y se burla del Rosario, así como Goliat se burló de David. Pero, repito, es un arma espiritual muy poderosa.

Escuchad lo que Lucía dijo en su entrevista:

“Padre, la Santísima Virgen no me dijo que estamos en los últimos tiempos del mundo, pero me hizo entender esto. La primera razón es porque me dijo que el diablo está al momento entablando una batalla decisiva contra la Virgen, y la batalla decisiva es la batalla FINAL, donde un lado saldrá victorioso y el otro sufrirá derrota. De ahí que, desde ahora, escojamos partido — o estamos con Dios o estamos con el demonio. No hay otra posibilidad. La segunda razón es que le dijo a mi prima así como a mí que Dios nos está dando los dos últimos remedios para el mundo: estos son el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Éstos son los dos últimos remedios, lo que significa que no habrá ya otro.”

En cuanto al Rosario, la Hermana Lucía dijo,

“Mire, Padre, la Santísima Virgen en estos últimos tiempos en que vivimos ha dado una nueva eficacia al rezo del Rosario hasta el punto de que no hay problema, no importa qué tan difícil sea, temporal o, sobre todo, espiritual, en las vidas personales de cada uno de nosotros, de nuestras familias, de las familias del mundo, o de las comunidades religiosas, o hasta en las vidas de las gentes y naciones, que no pueda ser resuelto por el Rosario. No hay problema, le digo, no importa qué tan difícil, que no pueda resolverse con las oraciones del Santo Rosario. Con el Santo Rosario, nos salvaremos. Nos santificaremos, y consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas.”

Qué palabras tan consoladoras son éstas cuando pensamos en todos los problemas que tenemos como individuos, las dificultades que enfrentamos, los problemas políticos en el mundo. ¡Qué hermoso mensaje de esperanza!

No importa qué tan malas se pongan las cosas, resad el Rosario. Ya que estamos tan familiarizados con el Rosario, debemos recordarnos constantmente a rezarlo bien. Leed “El Secreto del Rosario.” San Luis Maria de Montfort dice que uno de los hábitos más difíciles de vencer es el de hacer carreras con el Rosario. La gente que hace esto puede llegar al punto de decirlo mecánicamente. San Luis fue hasta el punto de indicar las pausas en las oraciones a fin de impedir que la gente se apresurara. El alma y corazón del Rosario es meditar sobre la vida de Nuestro Señor, sobre Sus sufrimientos y muerte, Su resurrección y ascención al Cielo, la Coronación de nuestra Santa Madre... Mientras más meditemos sobre la vida de nuestro Divino Señor y lo que sufrió por nosotros, más le imitaremos y amaremos. Si habéis leído “El Secreto del Rosario.” re-leédlo. Los profesionales van a los seminarios cada año. Nosotros también necesitamos refrezcarnos la memoria y revitalizar nuestras metas.

Ahora, reflexionemos sobre la importancia de la devoción al Inmaculado Corazón de María. Personalmente, creo que si esto no es LA parte más importante de la súplica de Nuestra Señora para la enmienda de la vida, es al menos la segunda. Esto se explicaría mejor en el libro, La Verdadera Devoción a María. Lo que fue escrito ahí por San Luis María de Montfort es casi lo que Nuestra Señora reveló en Fátima: el papel de María, cómo es llamada la Nueva Eva, su rol definitivo en el plan Divino. También leemos en La Verdadera Devoción que las persecuciones en los últimos tiempos serán peor que antes. Al menos a nosotros todavía no nos han pasado — persecuciones espirituales sí, pero no físicas. A fin de perseverar cuando las cosas se pongan peor, debemos usar los medios que nos han sido dados por nuestra Santa Madre y su Hijo Divino. Santo Domingo dijo que un día, a través del Rosario y el Escapulario Café, el mundo se salvaría. Posiblemente previó los tiempos cuando la Misa y los sacramentos ya no estarían disponibles, al menos en forma regular, y que estos sacramentales se volverían aún más importantes que antes.

Lo que alguna gente dice, especialmente la que está ocupada (y, sin duda, vivimos en la época más ocupada), es: “No tengo tiempo.” Si un individuo está tan ocupado para orar, es que está muy ocupado. San Alfonso de Ligorio dice que las únicas razones del porqué hay gente en el infierno, es porque no oraron, o porque no perseveraron en la oración.

Si tomamos a pecho las peticiones de Nuestra Señora, y recordamos que haciendo estas cosas nos traerá las gracias que necesitamos para enmendar nuestras vidas, seremos capaces de oponernos al mundo, a la carne y al diablo, el espíritu de nuestra época. A fin de llegar al cielo, sólo una cosa es necesaria — morir en estado de gracia santificante. Simple, ¿verdad? Venimos a este mundo con la mancha del pecado original en nuestras almas, y cuando nos bautizan nos es borrada y reemplazada con la gracia santificante. Pero una vez que alcanzamos la edad de la razón, nos encontramos en una lucha de vida o muerte entre nuestra naturaleza caída y aquello que sabemos es la ley y la voluntad de Dios.

Aún cuando estas cosas son básicas y lo suficientemente simples para entender, ¿por qué será que a través de toda la historia tantos han escogido el camino que conduce a los fuegos del infierno? La respuesta a esa pregunta es también muy simple: demasiados han escogido ignorar la absoluta necesidad de desarrollar una vida interior, y hacerlo con un esfuerzo total a fin de no ser regido por los sentidos y los encantos del espíritu del mundo. No salvaréis vuestra alma por accidente — se toma esfuerzo. Si una persona quiere hacerse experta en deportes, pensad por lo que tiene que pasar — años y años de entrenamiento. Algunos comienzan a los 3 o 4 años de edad, y continúan en la primaria, la secundaria, la universidad, y aún hasta veinte años después en el campo de deportes profesionales. Oí sobre un equipo de balonvolea de mujeres que fue a las Olimpiadas. Entrenaron ocho horas diarias, seis días a la semana, por cuatro años — y perdieron. Los atletas se disciplinan, comen ciertas comidas, duermen cierto tiempo, dejan a las familias y amigos, practican todos los días — y, ¿para qué? En la vida interior, debemos tener en mente la vida eterna. Es por eso que hago esta o aquella acción — porque quiero salvar mi alma.

Os recomiendo a todos un libro magnífico para explicar la vida interior — El Alma del Apostolado. Estoy seguro que el autor de este libro fue inspirado por la gracia de Dios Todopoderoso. Hizo tan maravilloso trabajo que el leer este libro os hace querer hacer hasta esas cosas en la vida espiritual que usualmente no queréis hacer, es decir, hablando humanamente. Creedlo o no, os da deseos de orar aún cuando estáis cansado — o al menos de tratar de orar. Esta es la explicación o definición que nos da de la vida interior:

“La vida interior es el estado de actividad de un alma que lucha contra sus inclinaciones naturales para regularlas y se empeña en adquirir el hábito de juzgar y dirigir sus movimientos en cosas de acuerdo a la luz del Evangelio y el ejemplo de Nuestro Señor: Aprended de Mí pues yo soy manso y humilde de corazón.”

Es difícil desarrollar una profunda vida espiritual. Una persona puede venir por consejo y luego se le pregunta, “¿Tenéis un horario de oración?” “Bueno, me levanto y tengo que llevar a cuatro niños a la escuela y, cuando se van, tengo que lavar los platos...” ¡Todas estas excusas! Los hombres también las hacen, no nada más las mujeres. Si hacemos excusas para justificar el porqué no tenemos tiempo para desarrollar una vida interior, ¿cómo habremos de salvar nuestras almas? ¿Nos recompensará nuestro Divino Señor si, cuando estemos delante de Él en el Día del Juicio, lo único que tenemos son excusas? Sí, es difícil desarrollar una profunda vida interior — pero no uséis eso como excusa. Simplemente planead lo que váis a hacer para eventualmente tenerla.

Para ilustrar este punto, aquí hay un pasaje de El Alma del Apostolado, que describe los diferentes tipos de trabajo en los que nos involucramos en ese valle de lágrimas:

“Don Sebastián estaba familiarizado con las labores del ascético así como de la vida del Ejéricto, los cuidados de los estudiantes y las responsabilidades inseparables del oficio del superior, y solía decir que habían tres tipos de trabajo:

“1) El casi exclusivo trabajo físico de aquellos que viven por labor manual, por trabajo de artesanía, o en el Ejército. Y afirmaba que, no importa lo que uno piense, este tipo de trabajo es el más fácil de los tres.

“2) El esfuerzo del erudito, del pensador, en su frecuente persecución ardua de la verdad; el del escritor, el profesor, etc. Este tipo de labor es en sí, decía él, mucho más díficil que el primero, pues hay un dicho que dice 'la cuchilla desgasta su vaina'

“3) Finalmente, está la labor de la vida interior, y no vaciló en declarar que de los tres, este tipo, cuando se toma en serio, es por mucho el más riguroso. Pero al mismo tiempo, es este tipo el que nos ofrece la mayor satisfacción aquí en la tierra. Asimismo es la más importante” (Chautard, 1946, p. 29).

La razón del porqué el trabajo de la vida interior es más dura, es porque se hace por fe. Vosotros no véis a Jesús ahí en el tabernáculo — creéis que Él está ahí porque creéis en Sus palabras. Mas leed las vidas de los santos: ¡qué felices eran! Para alcanzar esa espiritualidad, tuvieron que trabajar duro. “Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis.” “Venid todos los cansados y abatidos, y yo os refrescaré.” Quisiera enfatizar nuevamente la importancia de hacer esa decisión. ¿Estáis dispuesto a sufrir las dificultades involucradas en el crecimiento espiritual a fin de volveros lo suficientemente fuerte para perseverar y eventualmente salvar vuestra alma? Si no, estáis escogiendo sufrir las consecuencias cuando estéis ante Dios en el Día del Juicio.

Dios Todopoderoso decidió mandar a Su Madre a Fátima y, a través de ella, recordar a los hombres de manera extraordinaria las simples verdades que Cristo enseñó mientras estaba aquí en la tierra. A los seres humanos les encanta lo espectacular, y el advenimiento de Nuestra Señora a Fátima fue un suceso espectacular. Pero, ¿qué dijo? “Obedeced a mi Hijo. Vivid vuestra Fe. Haced la voluntad de Dios.” Suponed que nuestro Divino Señor apareciera aquí esta noche: ¿qué diría? Sabemos casi exactamente lo que diría: “¡Ya no cometáis pecados!” ¿Qué hay de espectacular en este mensaje? Fátima fue un medio extraordinario para atraer la atención de los hombres a las verdades simples que Cristo enseñó cuando estaba en la tierra: oración, sacrificio, la voluntad de Dios. Si no fuera por la intercesión de Nuestra Señora, que es nuestra Madre, Dios, en estricta justicia, habría destruído la tierra y sus habitantes pecaminosos desde hace mucho tiempo. Si las madres se preocupan tanto por sus hijos que hacen lo que sea para ayudarlos, así hizo María y continúa haciendo por nosotros. Por otro lado, hizo seaber en La Salette que si la gente decide no responder a Dios, vendrá un punto en el que, en estricta justicia, los pecadores serán castigados por sus crímenes.

Después de la apración de Nuestra Señora y del milagro del sol en fátima, ¿por qué no le tomó en serio el mundo su mensaje? Los periódicos reportaron que hasta los no-creyentes que estaban presentes en ese día vieron el milagro. Para responder a esa pregunta, leeré un pasaje del libro, Nuestra Señora de Fátima, por William Thomas Walsh:

“En Fátima, Portugal, el 13 de octubre de 1917, setenta mil personas atestiguaron uno de los más grandes milagros de todos los tiempos. El sol se había tornado pálido, emitía rayos brillantes de luz multicolor, giró tres veces sobre su eje, y luego, para horror de la multitud asambleada, se lanzó vertiginosamente hacia la tierra. Un llanto terrible se levantó de entre la multitud al mismo tiempo que miles calleron de rodillas, pensando que el fin del mundo había llegado. Entre esos presentes estaba un corresponsal con una de las agencias de noticias más grande de este país, Estados Unidos. Al día siguiente, desde Lisboa, mandó por cable una larga e impresionante hisotria acerca del milagro del sol, pero nunca se publicó. Chicago y Nueva York estaban entonces en medio de las Series Mundiales de béisbol, y la larga crónica se convirtió en un artículo de una pulgada relegada hasta la página 24; fue literalmente enterrada por los detalles de los individuales, los errores y bateos y jonrones. Este incidente ha sido presentado como una de las explicaciones para la gran conspiración de silencio concerniente a uno de los sucesos más importantes de nuestra generación. El hecho es que casi un cuarto de siglo pasó antes de que sobre la historia de Fátima se escucharan murmullos por los Estados Unidos. A princpios de la década de los 40 apareció en unos cuantos panfletos, y en artículos ocasionales de revistas religiosas.”

Este hombre particular, William Walsh, escribió un libro que hizo que Fátima fuera bien conocida en América. Así pues ¿qué pasó después de la aparición? En los Estados Unidos, nada, o muy poco, por veinticinco años. Mientras tanto, como advirtió Nuestra Señora, tuvimos una Segunda Guerra Mundial, la guerra en Corea, la guerra en Vietnam, y una multitud de otras guerras alrededor del mundo. También vimos la formación de las Naciones Unidas y el Concilio Mundial de Iglesias. Luego, cuando la gente comenzó a escuchar el mensaje de Fátima, muchos empezaron a enfocarse en el Tercer Secreto. En tanto 1960 se acercaba, todo mundo se preguntaba qué contenía el Secreto. Pero después que 1960 pasó, muchos se olivdaron de Fátima completamente. De nuevo, la curiosidad del hombre busca siempre lo sensacional. Es como la gente que profetiza el fin del mundo. Pero y, ¿suponiendo que ya supiéramos? Cuando estemos ante Dios, se nos preguntará cómo pasamos nuestro tiempo en la tierra, cómo vivimos, nada acerca de secretos ni profecías.

En la década de 1960 vimos una “nueva era,” una “nueva moral.” Parecía que, como el mundo no respondió entre los años de 1917 y 1960, las cosas se ponían progresivamente peor. Aunque ya estaban poniéndose peor desde 1917 para 1960, pero alrededor de 1960, era increíble lo que estaba tomando lugar — motines estudiantiles en los colegios, el rock ácido, la cultura de la droga — y al mismo tiempo, el Vaticano II. No solamente pasaban cosas en la sociedad, sino que hasta en la misma Iglesia — el Novus Ordo, los nuevos sacramentos, los nuevos catecismos, y, por supuesto, la “nueva moral.” El Papa Pío XII se refirió a su tiempo en los 50 como la “época del pecado.” ¿Qué diría ahora? ¿Qué nos espera en el futuro? No hace falta más que sentido común para saber la respuesta. Si los hombres continúan pecando, seguirá habiendo desasosiego, guerras y otras varias cosas que Dios utiliza cuando castiga a los hombres desobedientes.

¿Qué hay de nosotros? Eso depende de cómo vivimos. Es nuestra decisión. Mucha gente se pasa la mayoría de su tiempo, o al menos gran parte de tiempo, quejándose — y muy poco tratando de enmendar sus vidas. No es suficiente evitar el mal — debemos hacer el bien.

Permitidme sugeriros algunos simples recordatorios. Por favor, resad el Rosario diario así como Nuestra Señora pidió en Fátima. Y, como dije anteriormente, resadlo bien — no os apresuréis, no lo reséis mecánicamente, no lo miréis como una carga para entrar. La calidad en lugar de la cantidad. Si en ocasiones estáis legítimamente exahustos, Dios comprende. Pero en la mayor de las veces, planead vuestro día de tal manera que la vida de oración venga primero.

Usad el Escapulario Café de Nuestra Señora del Monte Carmelo — vuestra señal de consagración al Inmaculado Corazón de María. Si lo usáis fielmente, obtendréis las gracias necesarias en la hora de la muerte para salvar vuestra alma.

Practicad y promoved la devoción al Inmaculado Corazón de María. Recordad las palabras de Nuestra Señora de Fátima, “Mi Hijo desea establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón... Si hacéis esto, muchas almas se salvarán de ir al infierno.” Nuestra Señora dijo, refiriéndose a los que promueven la devoción a su Inmaculado Corazón, que será como si ella personalmente los tomara como flores y presentara a Dios.

Leed y estudiad La Verdadera Devoción a María. Meditad sobre él; hacedlo una forma de vida. Aprended a depender de nuestra Santa Madre como un niño pequeño depende de su madre. Debemos sumergirnos en María como un pez en el agua; nuestra devoción debe ser casi como una segunda naturaleza. Si vivimos así, empezaremos a imitar a nuestra Santa Madre.

Sobre todo, debéis daros cuenta que el punto crucial es VIVIR como Cristianos. Algunos desafortunadamente han reducido su religión a la sola asistencia a la Misa latina. Ciertamente no estamos en ninguna manera opuestos a la Misa latina, el corazón de nuestra Fe. Pero recordad que, cuando morimos, Dios no sólo nos preguntará si fuimos a la Misa latina. De hecho, aquellos de nosotros que tienen la Misa latina serán juzgados más severamente a causa de las gracias únicas que se nos dieron en la Sagrada Comunión. ¡Cuánta gente se sienta y habla de estas cosas, pero desafortunadamente, no hacen lo suficiente en cuanto a la vivencia de la Fe! Debéis evitar el pecado y las ocasiones de pecado. Revisad vuestra rutina diaria como individuo y como familia. ¿Hacéis algo de lo cual os avergonazríais que otros supieran? Nuestro Divino Señor ve todo lo que hacemos. Algunas veces se nos olvida eso. Esa es una de las bellezas de tener al Sagrado Corazón entronado en el hogar; dar al Sagrado Corazón un lugar de honor en el hogar es un recordatorio visible de que Dios ve todo.

Considerad tales cosas como la televisión. ¡Cuántos niños se arruinan por la televisión! Hay muy poco en la televisión hoy que sea edificante, y ciertamente, al menos, debe controlarse CUIDADOSAMENTE. Cuando oigo a los niños hablar acerca de algunas cosas que ven en la TV, me pregunto qué están haciendo los padres. ¿Rezáis el Rosario diariamente pero dejáis que los niños vean películas inmorales? ¡Qué contradicción! ¿Qué hay de los materiales de lectura en la casa? ¿Qué de la recreación? No necesitamos ennumerar todo — ¡leed lo que los Papa han dicho! ¡Leed el catecismo! Evitad las ocasiones de pecado.

Como adultos es fácil decir, “¡Vaya, hoy en día es muy pesado!” Pero imaginad a un niño de 7 u 8 que está expuesto todo el día a esta nueva moral, los derechos del niño, etc. En lugar de enseñárseles a cómo amar a Dios, se les dice, “haced lo que os plazca,” “nadie tiene el derecho de deciros que tenéis que hacer,” “si no os gusta cómo está en la casa, id a ver a un trabajador social.” Acabamos de ser testigos de un niño aquí en los Estados Unidos que se divorció de sus padres. Las cosas que se nos enseñaba eran pecado cuando crecíamos, ahora se llaman normales. No hay duda de que algunos de estos niños serán los instrumentos de Dios para destruir la sociedad que los crió de esa forma. ¡Qué tragedia!

Recordad, solamente tenéis un alma que salvar — o que perder. Nuestra Señora vino a Fátima para rogarnos que vivamos como seguidores de Cristo. Demasiados han decidido ignorar su mensaje que no solamente hemos visto guerras y desastres naturales permitidas por Dios como castigos, sino que en los últimos treinta años hemos visto la destrucción de la Iglesia Católica, excepto por un remanente. Recordad lo que dijo el P. Fahey, “Cuando se mira a la verdad como error, y el error es aceptado como la verdad, ese es el tiempo de los tiempos.” Ciertamente todo está listo para la entronación del hombre de pecado, el Anticristo.

Finalmente, hemos de esforzarnos vigorosamente por seguir un programa diario de oración, meditación y lectura espiritual. Conseguid buenos libros para la lectura espiritual y guardad tiempo para leerlos todos los días. Haced que vuestros hijos también lo hagan. Hay muy poco en la sociedad contemporánea que inspire. Estas cosas os ayudarán a desarrollar una vida interior de tal magnitud que, a pesar del mal que os rodea, no solamente sobreviviréis, sino que seréis lo que debéis ser en esta época de pecado: la luz del mundo. Esta es nuestra vocación hoy.

Dejadme concluir con las siguientes palabras de El Alma del Apostolado. El autor está haciendo referencia a San Bernardo y su devoción a Nuestra Señora:

“San Bernardo fue el santo abad de Claraval que atribuyó a María todos sus progresos en la unión con Jesús, todos los éxitos del apostolado. Todo mundo sabe los tremendos efectos que se produjeron mediante el apostolado de este santo, quien permaneció el más ilustre de los hijos de San Benito, un apostolado que abrazó naciones y reyes, concilios y hasta Papas. De todos lados, escuchamos las alabanzas de la santidad, el genio y el profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras y la unción penetrante de los escritos de este último de los Padres de la Iglesia.”

¡Qué hombre tan brillante! Se le conoce como el Arpista de María. Aquí está lo que dice acerca de Nuestra Señora:

“Véis, mis hermanos, con qué sentimientos quiere Dios que honremos a María, Él quien ha puesto en ella la plenitud de todo bien. Si hay en nosotros alguna esperanza, alguna gracia, alguna garantía de salvación, admitamos que todo esto desbordóse sobre nosotros de ella, quien rebosa de delicias. Suponed que quitárais el sol que ilumina al mundo — ¿Qué sería del día? Quitad a María, la Estrella del Mar, de nuestro inmenso y vasto mar, lo que queda no es más que oscuridad profunda, la sombra de la muerte, oscuridad total. Por tanto, es desde las profundidades de nuestros corazones, de los vitales de nuestro ser y con toda nuestra mente y voluntad que debemos honrar a la Virgen María. Pues tal es la voluntad de Aquél que quizo que tuviéramos todo de María” (Ibid, p. 282).

Don Chautard continúa diciendo que aquél cuya obra no descansa en una muy especial devoción a Nuestra Señora, corre el riesgo de encontrar que ha construído sobre arena. Verdaderamente entonces, si escuchamos a María, si sus palabras se graban en nuestros corazones para poder vivir como cristianos, Nuestra Señora de Fátima será para nosotros un Diamante de Esperanza.

Regresar al inicio
Regresar al índice en español
Regresar al índice de la CMRI




Iglesia de San Miguel
P. Casimir Puskorius, CMRI
8500 North St. Michael’s Road
Spokane, WA 99217-9333
Teléfono: (509) 467-0986
Fax: (509) 467-2425
Email



Derechos de autor © 1995 - 2011 CMRI